Fermín asesina a Mella en Villaverde: cuarta víctima de violencia machista en Madrid

Miguela 'Mella', madre de tres hijas, fue asesinada a puñaladas por su expareja, dejando a sus tres hijas huérfanas y a su madre viuda.
Salió del piso pidiendo ayuda, bajó las escaleras tocando timbres
Los últimos momentos de Mella intentando salvarse después de ser apuñalada por su expareja.

En la madrugada de un sábado de septiembre, Miguela —conocida como Mella— murió apuñalada por su expareja en un bloque de viviendas de Villaverde, Madrid, convirtiéndose en la cuarta víctima de violencia machista en la capital en lo que iba de año. Tenía 35 años, tres hijas y una historia de maltrato que los vecinos conocían pero que nunca llegó a convertirse en denuncia formal. Su muerte, como tantas otras, no llegó sin avisos: llegó después de silencios, de intervenciones incompletas y de una ruptura que no puso fin al peligro.

  • A las 3:30 de la madrugada, Mella bajó ensangrentada por las escaleras de un edificio de Villaverde tocando timbres, hasta desplomarse en el tercer piso con múltiples puñaladas en cuello y pecho.
  • Los sanitarios del Samur llegaron en minutos, pero Mella ya estaba en parada cardiorrespiratoria; media hora de reanimación no fue suficiente para salvarla.
  • Su agresor, Fermín, de 30 años, huyó tras el crimen y estuvo prófugo casi 24 horas hasta que se entregó en la comisaría de Usera-Villaverde y confesó haberla matado.
  • La historia de violencia entre ambos tenía antecedentes: en abril de 2022 la Policía intervino por malos tratos, pero Mella nunca presentó una denuncia formal, dejando sin activar los mecanismos de protección.
  • Sobre el charco de sangre que aún cubría el suelo del rellano dos días después, alguien había pegado un papel con cuatro palabras: «Ni una más».

Poco después de las tres y media de la madrugada del sábado, el silencio de un bloque de la calle Doña Francisquita de Villaverde se rompió con gritos de auxilio. Una mujer ensangrentada bajaba las escaleras tocando timbres hasta desplomarse en el descansillo del tercer piso. Era Miguela, Mella, de 35 años. Su expareja, Fermín, de 30 años y nacionalidad dominicana, le había asestado múltiples puñaladas en el cuello y el pecho. Cuando llegaron los sanitarios del Samur, ya estaba en parada cardiorrespiratoria. Media hora de reanimación no sirvió de nada.

La Delegación del Gobierno confirmó que Mella era la cuarta víctima de violencia machista en Madrid en lo que iba de 2023. Vivía a apenas 500 metros del lugar del crimen, junto a su madre y sus tres hijas. La relación con Fermín había durado cerca de un año y estuvo marcada por discusiones constantes y gritos que los vecinos escuchaban con regularidad. La noche del crimen, Mella había acudido al apartamento de su expareja, algo que hacía ocasionalmente tras la ruptura. Los residentes oyeron dos fuertes peleas antes de que los alaridos de la víctima salieran al rellano. «Parecía una pelea más», recordaban.

La historia de violencia tenía antecedentes documentados: en abril de 2022, la Policía intervino en una disputa entre ambos y Fermín fue detenido por malos tratos, pero Mella nunca llegó a presentar denuncia formal. Tras el asesinato, el agresor huyó y estuvo prófugo casi un día entero hasta que, bajo presión policial, se entregó en la comisaría de Usera-Villaverde y confesó el crimen.

Casi dos días después, sobre el suelo del rellano todavía manchado de sangre, alguien había pegado un papel: «Ni una más». Mella dejaba atrás a su madre y a tres hijas huérfanas.

En la madrugada del sábado al domingo, poco después de las tres y media de la mañana, el silencio de un bloque de viviendas en la calle Doña Francisquita de Villaverde se rompió con gritos de auxilio. Una mujer ensangrentada bajaba las escaleras pidiendo ayuda, tocando timbres a su paso, hasta que se desplomó en el descansillo del tercer piso. Era Miguela, conocida como Mella, de 35 años. Su expareja, Fermín, de 30 años y nacionalidad dominicana, le había asestado múltiples puñaladas en el cuello y el pecho. Cuando llegaron los sanitarios del Samur-Protección Civil, ya estaba en parada cardiorrespiratoria. Media hora de intentos de reanimación no sirvieron de nada. Los médicos solo pudieron certificar su muerte en el lugar.

La Delegación del Gobierno confirmó que Mella era la cuarta víctima de violencia machista en Madrid en lo que iba de año. Vivía a apenas 500 metros de distancia, en la calle la Dolorosa, junto a su madre y sus tres hijas en un piso de alquiler. Su expareja ocupaba el apartamento donde ocurrió el crimen, también en régimen de alquiler temporal. La relación entre ambos había durado alrededor de un año y estuvo marcada por discusiones constantes, golpes y gritos de auxilio que los vecinos escuchaban con regularidad.

La noche del crimen, Mella había acudido a la vivienda de Fermín, algo que hacía ocasionalmente después de la ruptura. Permaneció allí al menos dos horas. Los residentes del bloque oyeron dos fuertes discusiones: la primera alrededor de la 1.30 de la madrugada, la segunda pasadas las 3.30. «Escuchamos ruidos y gritos, pero parecía una pelea más», recordaban los vecinos. No fue hasta que los alaridos angustiosos de la víctima salieron al rellano cuando comprendieron que algo grave estaba sucediendo. Ella misma salió del piso pidiendo ayuda, bajó las escaleras tratando de salvarse, tocó los timbres que encontraba a su paso. Una residente llamó a la Policía, que llegó en solo cinco minutos. Los agentes iniciaron las maniobras de reanimación mientras esperaban a los sanitarios, pero ya era demasiado tarde.

La historia de violencia entre ambos tenía antecedentes documentados. En abril de 2022, la Policía tuvo que intervenir en una disputa callejera entre ellos. Fermín fue detenido entonces por malos tratos, pero Mella nunca llegó a presentar una denuncia formal de los hechos. El día del crimen, según relatos de los vecinos, Fermín había estado merodeando por las inmediaciones de la casa de la víctima, visto en el parque Ciudad de los Ángeles y cerca de su domicilio.

Tras el asesinato, el presunto autor huyó del bloque. La Policía Nacional lo buscó durante horas. Casi un día después, bajo lo que describieron como presión policial, se entregó en la comisaría de distrito de Usera-Villaverde y confesó el crimen. Fue arrestado y trasladado a dependencias de la Jefatura Superior de Policía a la espera de pasar a disposición judicial.

Casi dos días después del suceso, la escena en el lugar del crimen seguía siendo desgarradora. Un enorme charco de sangre cubría el suelo. Sobre él, alguien había pegado un papel que decía «Ni una más». Los vecinos del bloque, conmocionados por lo ocurrido, guardaban silencio. Los pocos que se decidieron a hablar lo hicieron para dar cuenta de las peleas constantes que habían presenciado. Mella dejaba atrás a su madre y a tres hijas huérfanas.

Escuchamos ruidos y gritos, pero parecía una pelea más
— Vecinos del bloque de Villaverde
Salió del piso pidiendo ayuda, llamando a las puertas
— Residentes que presenciaron los hechos
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué Mella seguía visitando a su expareja después de la ruptura si la relación era tan violenta?

Model

Los vecinos dicen que lo hacía ocasionalmente. No sabemos si era por los hijos, por presión, por esperanza de que cambiara. Lo que sí sabemos es que la violencia no desapareció después de que terminaran. Solo se intensificó.

Inventor

Hay un detalle importante: en 2022 la Policía intervino, Fermín fue detenido, pero ella nunca denunció. ¿Qué significa eso?

Model

Significa que el sistema no tuvo oportunidad de actuar. Sin denuncia formal, sin orden de alejamiento, sin protección legal. Él quedó libre. Y ella siguió viviendo a 500 metros de distancia, con sus tres hijas.

Inventor

¿Los vecinos no sabían que esto podía terminar así?

Model

Sabían que había violencia. Escuchaban las discusiones, los gritos. Pero como dicen ellos mismos, «parecía una pelea más». La violencia doméstica es tan común que se normaliza. Hasta que no lo es.

Inventor

¿Qué pasó en esos momentos finales cuando ella bajaba las escaleras?

Model

Estaba luchando por su vida. Tocaba timbres, pedía ayuda a gritos. Los vecinos la oyeron. La Policía llegó en cinco minutos. Pero las puñaladas en el cuello y el pecho no dejan margen. Cuando llegó el Samur, ya estaba en parada cardiorrespiratoria.

Inventor

Es la cuarta víctima en Madrid este año. ¿Qué significa eso?

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Significa que esto no es un caso aislado. Es un patrón. Cuatro mujeres muertas en nueve meses. Y probablemente hay muchas más que no llegan a las estadísticas oficiales porque nunca denuncian.

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