Los usuarios aguantarán lo que sea porque no tienen alternativa
En el cruce entre la tecnología y el poder, el activista Cory Doctorow ha dado nombre a un fenómeno que millones de personas reconocen en silencio: el deterioro deliberado de las plataformas digitales que, tras atrapar a sus usuarios, los explotan sin remedio. Su libro, publicado en 2026, no es solo un diagnóstico de la decadencia digital, sino una llamada a comprender que lo que parece inevitable es, en realidad, una elección política. La pregunta que plantea no es si podemos soportar más degradación, sino si estamos dispuestos a organizarnos para no tener que hacerlo.
- El neologismo 'mierdificación' —nacido de un tuit de frustración— se ha convertido en la palabra que define la traición sistemática de las grandes plataformas a sus propios usuarios.
- Facebook, Google, Adobe y Uber atrapan a trabajadores, creadores y anunciantes en dependencias tan profundas que el abuso se vuelve impune: no hay salida cuando tu sustento está en juego.
- La amenaza se agudiza con Trump en el poder: Europa enfrenta el riesgo real de que sus datos, gobiernos y empresas queden a merced de plataformas estadounidenses usadas como arma política.
- Doctorow rechaza la solución individual —'reciclar mejor no resuelve el clima'— y exige regulación firme, interoperabilidad forzada y movilización colectiva como únicos antídotos reales.
- La irrupción de la IA generativa amenaza con acelerar el mismo ciclo de degradación, convirtiendo a ChatGPT y sus competidores en los próximos grandes candidatos a la mierdificación.
Cory Doctorow estaba de vacaciones cuando la lentitud y los rastreadores de TripAdvisor lo empujaron a escribir un tuit furioso. Esa palabra —'mierdificado'— se convirtió en palabra del año en 2024 y ahora da título a su nuevo libro, publicado en Estados Unidos y previsto en España para 2026. No fue un accidente lingüístico: millones de personas reconocieron en ese término lo que sienten cada día al usar las grandes plataformas digitales.
Doctorow describe un ciclo que se repite con precisión: las plataformas primero seducen a los usuarios con servicios gratuitos y excelentes, luego degradan esa experiencia para beneficiar a sus clientes empresariales, y finalmente se vuelven contra todos para maximizar sus propias ganancias. Facebook es el ejemplo más claro —del alcance orgánico gratuito al feed convertido en prisión publicitaria—, pero Adobe ilustra el caso más extremo: los colores Pantone, integrados durante décadas en su suite creativa, desaparecieron de los archivos ya pagados a menos que el usuario abone una suscripción adicional.
Lo que hace posible este abuso es el atrapamiento. Los conductores no pueden dejar Uber, los trabajadores sexuales no pueden dejar OnlyFans, los editores no pueden dejar Facebook. Su subsistencia depende de esas plataformas, y las plataformas lo saben. Doctorow rechaza que la solución sea individual: pedir a los usuarios que 'consuman mejor' es tan absurdo como pedirles que reciclen para resolver el cambio climático. El problema es político, y la respuesta debe serlo también.
El momento es especialmente urgente para Europa. Microsoft ya eliminó cuentas de la Corte Penal Internacional tras una orden de arresto contra Netanyahu. La dependencia europea de infraestructura digital estadounidense se ha convertido en una vulnerabilidad geopolítica real bajo la administración Trump. La propuesta de Doctorow es concreta: derogar las leyes que bloquean la interoperabilidad, recuperar el control de los datos y construir alternativas autónomas. Y hacerlo antes de que la IA generativa acelere aún más el mismo ciclo de degradación que ya gobierna nuestra vida digital.
Cory Doctorow estaba de vacaciones cuando la frustración lo alcanzó. TripAdvisor se bloqueaba constantemente en su navegador, la conexión era lenta, la página estaba plagada de rastreadores. En un arrebato, escribió un tuit que cambiaría la forma en que millones de personas hablan de internet: «¿Alguien de TripAdvisor ha viajado alguna vez en su vida? Es el sitio web más mierdificado que he usado nunca».
Ese neologismo, nacido de la rabia cotidiana, se convirtió en palabra del año en 2024 según el Diccionario Macquarie y la American Dialect Society. Hoy, Doctorow —ingeniero informático, activista de derechos digitales, periodista y escritor de ciencia ficción canadiense— acaba de publicar en Estados Unidos un libro que lleva ese término explícito en el título: Enshittification: Why Everything Suddenly Got Worse and What To Do About It. Capitán Swing lo editará en España durante 2026. La adopción masiva del término no fue accidental. Refleja una frustración tan profunda y tan generalizada que millones de personas reconocen en una sola palabra lo que sienten cada día al usar Facebook, Google, Amazon, Netflix, Uber o TikTok.
Doctorow describe un ciclo que se repite con precisión de relojería. Las plataformas comienzan siendo excelentes para sus usuarios. Luego abusan de ellos para mejorar la experiencia de sus clientes empresariales. Después abusan de esos clientes empresariales para recuperar todo el valor para sí mismas. Al final, se han convertido en un gigantesco vertedero digital. Facebook es el caso más paradigmático. En los años 2000, ofrecía visibilidad orgánica y gratuita entre amigos y familiares, sin fricción, sin obstáculos. Cientos de millones de personas se dieron de alta. Luego vino la segunda fase: se degradó el alcance orgánico, se llenó el feed de contenido recomendado y anuncios segmentados, había que pagar para que tus propios seguidores vieran tus publicaciones. En la fase terminal que arrastra desde hace años, Zuckerberg ha subido los precios a los anunciantes, se ha multiplicado el fraude y el ruido, y el feed se ha convertido en una prisión digital donde nadie está satisfecho salvo los accionistas de Meta.
La epidemia no respeta sectores. Las búsquedas de Google están plagadas de anuncios y resultados irrelevantes. Netflix es cada vez más cara e incluye publicidad. Comprar una entrada para un concierto es descender a los nueve círculos del infierno. Pero el caso más extremo quizá sea Adobe. Durante décadas, las bibliotecas de colores Pantone —el sistema universal de identificación de colores, imprescindible para diseñadores y artistas— venían integradas en Photoshop, Illustrator y toda la suite de Creative Cloud. Un cambio en el acuerdo de licencias las retiró. Ahora, cuando los usuarios abren trabajos antiguos, los colores Pantone se vuelven negros a menos que paguen una suscripción adicional. Un estándar básico de la industria se convirtió en un peaje insalvable, no solo para crear nuevas piezas sino para recuperar trabajos ya pagados tal como fueron creados.
Lo que permite este abuso sistemático es el atrapamiento. Los editores no pueden abandonar Facebook. Los anunciantes no pueden abandonar Google. Los trabajadores sexuales no pueden abandonar OnlyFans. Los conductores no pueden abandonar Uber. Su subsistencia depende de ello. Las plataformas lo saben. Por eso pueden empeorar las cosas, pueden subir precios, pueden introducir fricción, pueden degradar servicios. Los usuarios aguantarán lo que sea porque no tienen alternativa. Doctorow rechaza la idea de que esto sea inevitable o que sea un problema de consumo individual. «Pedir a la gente que tome mejores decisiones de consumo para resolver la crisis de la mierdificación es como pedirles que reciclen con más cuidado para resolver la crisis climática. Es ridículo», dice. Lo que hacen Adobe, Uber y otras plataformas viene determinado por el contexto político, no por su codicia.
La solución requiere regulación y acción colectiva. Doctorow señala que la regulación ha avanzado más en los últimos cuatro años que en los cuarenta anteriores, pero no se está aplicando con la determinación necesaria. Hace falta debilitar a las tecnológicas. «Debilitarlas hará que se esfuercen más por mejorar, nos facilitará ir a otro sitio y acabar con ellas si no están a la altura del reto». Pero la lucha no puede ser individual. Pelear uno contra uno contra Google, Amazon o X es como echar a una hormiga contra un elefante. Hace falta una marabunta, una movilización global, asociarse, plantar cara de forma conjunta y solidaria.
Este es el momento más urgente, advierte Doctorow, especialmente para Europa. Microsoft eliminó las cuentas de Outlook y Office 365 de la Corte Penal Internacional para castigarla por emitir una orden de arresto contra Benjamin Netanyahu. Estados Unidos cortó la ayuda de inteligencia a Ucrania. Los países europeos empezaron a sopesar si Trump podría dejar fuera de combate los F-35 por cuestiones políticas. Todos los ministerios, empresas y hogares de Europa que dependen de productos estadounidenses conectados a la nube deben anticipar que, si no hacen lo que Trump quiere, sus datos serán destruidos, su capacidad para administrar gobiernos o corporaciones será inutilizada, perderán todos los archivos digitales que les importan. La receta de Doctorow es clara: Europa debe derogar las leyes que bloquean la interoperabilidad con las plataformas estadounidenses, para que podamos sacar nuestros datos de ellas y construir alternativas europeas autónomas. Y todo se enmierda un poco más si tenemos en cuenta la irrupción de la IA generativa. ChatGPT y sus competidores son grandes candidatos a convertirse en una versión acelerada del mismo proceso de degradación. El mensaje final del libro es de esperanza discreta: un optimismo que apuesta por la rendición de cuentas y por empoderar a los usuarios frente a los abusos de estos monopolios que gobiernan a su capricho nuestra vida digital.
Citações Notáveis
Pedir a la gente que tome mejores decisiones de consumo para resolver la crisis de la mierdificación es como pedirles que reciclen con más cuidado para resolver la crisis climática. Es ridículo.— Cory Doctorow
Debilitarlas hará que se esfuercen más por mejorar, nos facilitará ir a otro sitio y acabar con ellas si no están a la altura del reto.— Cory Doctorow, sobre debilitar a las tecnológicas
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué crees que el término 'mierdificación' resonó tanto? Parece una palabra muy específica para describir algo que la gente ya sentía.
Exactamente. La gente ya lo sentía en la piel cada día. Lo que Doctorow hizo fue nombrarlo. Cuando tienes un nombre para algo, de repente puedes hablar de ello, compartirlo, reconocerlo en otros. Es como cuando descubres que lo que sentías tiene un nombre en medicina y de repente dejas de sentirte solo.
Pero ¿no es un poco cínico pensar que las empresas hacen esto deliberadamente? ¿No podrían ser solo errores, o presiones de los accionistas?
Doctorow es claro: no es cínica, es realista. Las empresas no son sádicas, pero el sistema las incentiva. Si tienes usuarios tan atrapados que no pueden irse, es racional intentar sacar más dinero de ellos. No es maldad, es lógica de negocios. El problema es que nadie las castiga por comportarse mal.
El caso de Adobe y los colores Pantone es brutal. ¿Cómo es posible que algo así sea legal?
Porque el software dejó de ser algo que compras y controlas. Ahora es un servicio remoto con protecciones como la DRM. Eso significa que pueden degradar retroactivamente un producto que ya pagaste. Es como si comprases una casa y el dueño anterior pudiera entrar y pintar las paredes de negro a menos que pagues una suscripción mensual.
¿Y la solución es simplemente regulación?
No solo regulación. Doctorow insiste en que hace falta debilitar a las plataformas. Cuando son tan grandes que no les importa perder usuarios, pueden hacer lo que quieran. Pero también hace falta acción colectiva. No puedes luchar solo contra Google. Necesitas una marabunta.
¿Crees que Europa puede realmente construir alternativas autónomas?
Doctorow lo ve como urgente, no como una opción. Si Europa sigue dependiendo de infraestructura estadounidense controlada por Trump, sus datos, sus gobiernos, sus empresas están en riesgo. No es paranoia, es lo que ya está pasando con Microsoft y la Corte Penal Internacional.