Trabajadores de Fate realizan corte en Acceso Norte contra intento de desalojo

24 trabajadores enfrentan persecución judicial; cierre de fábrica mantiene sin empleo a trabajadores y sus familias.
La justicia como arma para quebrar una lucha que defiende cada puesto de trabajo
Los trabajadores denuncian que la empresa utiliza la persecución judicial contra veinticuatro compañeros para intentar desalojar el acampe.

En las afueras de la planta de Fate, al norte del conurbano bonaerense, cientos de trabajadores, familias y organizaciones solidarias salieron a las calles el 30 de junio para resistir un nuevo pedido de desalojo impulsado por la patronal ante la Cámara judicial. Lo que está en juego no es solo un acampe en una puerta de fábrica, sino la pregunta de si el derecho al trabajo y a la resistencia colectiva puede sostenerse frente a una ofensiva que usa los tribunales como herramienta de disciplinamiento. En cada corte de ruta y en cada caravana late una convicción antigua: que la lucha de unos es la lucha de todos.

  • La empresa Fate, conducida por Javier Madanes Quintanilla, apeló el fallo que rechazó su pedido de desalojo, escalando la presión judicial sobre los trabajadores que acampan en la puerta de la planta desde hace semanas.
  • Veinticuatro trabajadores enfrentan persecución judicial, y el cierre patronal —lock out— mantiene a familias enteras sin ingresos mientras la producción permanece paralizada por decisión de la empresa.
  • Una caravana multitudinaria recorrió la zona norte y cortó parcialmente el Acceso Norte en la intersección con Uruguay, convirtiendo el espacio público en escenario de denuncia mientras la Cámara delibera.
  • La Mesa de Coordinación Obrera de Zona Norte articuló delegaciones de Fate, Georgalos, Mondelez, Lustramax, INTI, CNEA, Madygraf y municipios, dejando en claro que el conflicto no es aislado sino parte de una ofensiva más amplia.
  • La jornada cerró con los trabajadores aún en el acampe, la apelación empresaria pendiente de resolución y la pregunta abierta sobre si la justicia reconocerá derechos que van más allá del pedido de desalojo.

En la mañana del 30 de junio, trabajadores de Fate se reunieron con sus familias y activistas sindicales frente a la planta para enfrentar lo que describen como un ataque judicial coordinado. La empresa había apelado el fallo de primera instancia que rechazó su pedido de desalojo del acampe sostenido durante semanas en la puerta de la fábrica. La Cámara debía ahora decidir si la patronal podía dispersar a quienes resistían el cierre.

Desde la concentración inicial partió una caravana hacia el Acceso Norte, donde se realizó un corte parcial en la intersección con Uruguay. El mensaje era directo: la fábrica seguía cerrada por decisión de la empresa, no por falta de voluntad de trabajar, y los trabajadores no pensaban retirarse mientras la justicia deliberaba. El lock out continuaba, la producción estaba detenida y las familias permanecían sin ingresos.

La caravana recorrió distintos puntos de la zona norte y se detuvo también en Georgalos, donde trabajadores de esa planta también estaban en conflicto. Allí quedó explícito lo que los organizadores querían subrayar: los cierres, los despidos y el ajuste no eran casos aislados sino parte de una misma lógica. La Mesa de Coordinación Obrera de Zona Norte convocó a delegaciones de Fate, Georgalos, Mondelez, Lustramax, INTI, CNEA, Madygraf y municipios, junto a organizaciones sindicales, estudiantiles, políticas y de derechos humanos.

Los trabajadores denunciaron con precisión la estrategia patronal: usar la justicia para quebrar la resistencia. Veinticuatro compañeros enfrentaban persecución judicial. Si lograban desalojar el acampe y dispersar a los trabajadores, la empresa podría argumentar que el conflicto estaba resuelto y avanzar hacia el cierre definitivo. La solidaridad acumulada en semanas de lucha era, en ese contexto, una defensa concreta.

La jornada cerró con un nuevo acto en la puerta de la planta. El acampe seguía en pie, la apelación empresaria pendiente de resolución y decenas de organizaciones con sus cuerpos en la calle. La pregunta que quedó flotando era si la Cámara se inclinaría hacia la empresa o reconocería que hay derechos que no pueden ser desalojados por decreto judicial.

Afuera de la planta de Fate, en la mañana del 30 de junio, los trabajadores se reunieron con sus familias y decenas de activistas sindicales para montar una defensa contra lo que consideran un ataque judicial coordinado. La empresa, dirigida por Javier Madanes Quintanilla, había apelado un fallo de primera instancia que rechazaba su pedido de desalojo. Ahora la Cámara tendría que decidir si permitía que la patronal sacara a los trabajadores del acampe que mantenían desde hace semanas en la puerta de la fábrica.

La jornada de lucha comenzó con una concentración frente a la planta. De allí partió una caravana que se dirigió hacia el Acceso Norte, donde cortaron parcialmente la ruta en la intersección con Uruguay. El mensaje era claro: mientras la justicia deliberaba sobre el desalojo, los trabajadores ocupaban el espacio público para recordar que estaban ahí, que no se irían, que la fábrica seguía cerrada por decisión de la empresa y no por falta de voluntad de trabajar. El lock out continuaba, la producción estaba paralizada, y las familias seguían sin ingresos.

La caravana recorrió distintos puntos de la zona norte, una geografía de conflicto laboral que se extendía más allá de Fate. En Georgalos, donde también había trabajadores en lucha, se realizó un acto que subrayaba algo que los organizadores querían que quedara claro: esto no era un conflicto aislado. Los despidos, los cierres, el ajuste, eran parte de una estrategia más amplia. Los trabajadores de Fate, de Georgalos, de Mondelez, de Lustramax, del INTI, de la CNEA, de Madygraf, de los municipios, todos estaban enfrentando la misma lógica empresarial. La Mesa de Coordinación Obrera de Zona Norte había convocado a delegaciones de múltiples sectores, junto con organizaciones sindicales, estudiantiles, políticas y de derechos humanos.

Lo que los trabajadores denunciaban era preciso: la empresa estaba usando la justicia como arma. Veinticuatro compañeros enfrentaban persecución judicial. El desalojo del acampe no era un trámite administrativo, era un intento de quebrar la lucha. Si sacaban a los trabajadores de la puerta de la fábrica, si los dispersaban, si los asustaban con procesos legales, la empresa podría declararlos en rebeldía, podría argumentar que no había conflicto, que todo estaba resuelto. Entonces podría cerrar definitivamente, vender los activos, desaparecer.

Los trabajadores también querían que se supiera que no estaban solos. La solidaridad de las últimas semanas había sido decisiva. Cada acto de apoyo, cada delegación que llegaba, cada organización que se sumaba, era un recordatorio de que el conflicto de Fate era también el conflicto de otros. Que la defensa de los puestos de trabajo en una fábrica era la defensa de todos los puestos de trabajo. Que el derecho a organizarse, a resistir, a no aceptar que la crisis se descargara sobre quienes vivían de su trabajo, era un derecho que se jugaba en cada conflicto.

La jornada concluyó con un nuevo acto en la puerta de Fate. Los trabajadores seguían ahí. La Cámara tendría que resolver. Pero mientras tanto, el acampe permanecía, la caravana había circulado, el corte había detenido el tránsito, y decenas de organizaciones habían puesto sus cuerpos en la calle. La lucha continuaba. El lock out continuaba. Y la pregunta que flotaba en el aire era si la justicia se inclinaría hacia la empresa o si reconocería que hay derechos que están por encima de los pedidos de desalojo.

La amplia solidaridad recibida durante las últimas semanas ha sido un factor decisivo para enfrentar la ofensiva patronal
— Organizadores de la jornada
La defensa de Fate forma parte de una pelea más amplia en defensa del trabajo, las condiciones laborales y el derecho de los trabajadores a organizarse
— Convocantes de la movilización
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué la empresa apela un fallo que ya rechazó el desalojo? ¿Qué gana con eso?

Model

Gana tiempo y presión. Si logra desalojar el acampe, puede argumentar que no hay conflicto, que los trabajadores abandonaron. Eso le permite cerrar sin negociar.

Inventor

¿Y los veinticuatro trabajadores perseguidos? ¿Qué significa eso en la práctica?

Model

Significa que la empresa está usando la justicia penal contra los que lideran la resistencia. Es una forma de amedrentar, de fragmentar la lucha.

Inventor

¿Por qué se movilizan en zona norte y no solo en Fate?

Model

Porque entienden que esto no es un conflicto aislado. Georgalos, Mondelez, otros están en la misma situación. Si se defiende Fate, se defiende el derecho de todos a no aceptar despidos.

Inventor

¿Qué pasa si la Cámara falla a favor de la empresa?

Model

Entonces viene el desalojo forzoso. Pero los trabajadores dicen que la solidaridad que han recibido es lo que los mantiene en pie. Sin eso, la empresa habría ganado hace semanas.

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