En la península coreana, donde la paz siempre ha sido un equilibrio frágil entre gestos y armamentos, el presidente surcoreano Lee Jae-myung salió a defender esta semana los ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos como instrumentos de protección, no de provocación. Lo hizo un día después de que Donald Trump ordenara reducirlos sustancialmente, invocando su relación personal con Kim Jong-un como razón para suavizar las demostraciones de fuerza aliada. El episodio revela una tensión más profunda: la de un aliado que ve cómo su paraguas de seguridad es reinterpretado desde Washington se