Expertos urgen actualizar guías alimentarias chilenas ante obesidad que supera 80% en adultos

Las guías deben transformarse continuamente, no solo desarrollarse una vez
Oscar Castillo plantea que las directrices alimentarias requieren ciclos regulares de revisión para mantenerse relevantes ante cambios epidemiológicos.

En un país donde más del 80% de los adultos vive con obesidad, especialistas chilenos se reunieron en la Universidad Finis Terrae para señalar lo que los números ya no pueden callar: las guías alimentarias nacionales, aunque bien construidas, han quedado rezagadas frente a una epidemia que no espera. El llamado no es solo científico, sino institucional: las recomendaciones nutricionales deben convertirse en documentos vivos, capaces de acompañar el envejecimiento de una población y la complejidad creciente de sus enfermedades.

  • Chile enfrenta una paradoja epidemiológica alarmante: la obesidad adulta supera el 80% mientras la desnutrición infantil persiste, evidenciando que el problema no es solo de exceso, sino de desorientación nutricional profunda.
  • Los especialistas advierten que el mensaje oficial —'consuma lácteos en todas las etapas de la vida'— es correcto pero demasiado vago para enfrentar enfermedades crónicas, deterioro cognitivo y obesidad infantil con la precisión que se requiere.
  • Un análisis de 98 guías alimentarias mundiales ubica a Chile entre los países mejor posicionados en recomendaciones sobre lácteos, pero la ventaja técnica no garantiza que ese conocimiento llegue a la población.
  • La propuesta concreta que emerge del encuentro es transformar las guías en documentos con ciclos de revisión periódica y plazos institucionales definidos, para que no queden obsoletas ante una realidad que cambia más rápido que los textos que pretenden orientarla.

A mediados de 2026, la Universidad Finis Terrae fue el escenario de una conversación incómoda pero necesaria. La Jornada de Actualización sobre Guías Alimentarias, Lácteos y Salud, organizada por la Escuela de Nutrición y Dietética junto al Consorcio Lechero, reunió a especialistas nacionales con un propósito compartido: reconocer que las directrices nutricionales de Chile necesitan evolucionar.

Octavio Oltra, del Consorcio Lechero, abrió el debate recordando que las guías alimentarias no son documentos eternos, sino respuestas a momentos históricos específicos. Chile de hoy enfrenta desafíos distintos a los de hace una década, y sus recomendaciones deben reflejarlo.

El Dr. Rodrigo Valenzuela, de la Universidad de Chile, presentó los datos que justifican la urgencia: la obesidad adulta ya supera el 80%, coexistiendo con desnutrición infantil en una paradoja que revela la complejidad del problema. Frente a eso, destacó el papel de los lácteos —leche, yogur, queso— cuyos beneficios van mucho más allá del control de peso: fortalecen la microbiota, protegen el corazón, previenen el deterioro cognitivo y conservan la masa ósea y muscular. Pero advirtió que el mensaje actual es insuficiente: las guías deben orientar con precisión cómo usar los lácteos para prevenir enfermedades crónicas y promover un envejecimiento saludable.

Samuel Durán, de la Universidad San Sebastián, aportó una mirada global. Tras analizar con herramientas de procesamiento de lenguaje natural las 98 guías alimentarias del mundo, confirmó que Chile está bien posicionado. Sin embargo, señaló que el verdadero desafío es la difusión: las universidades deben ser canales activos para que ese conocimiento experto llegue a toda la población, especialmente en un entorno saturado de desinformación nutricional.

Oscar Castillo, director de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Finis Terrae, cerró con una propuesta concreta: establecer plazos institucionales de revisión periódica. Reconoció el rigor de la última edición de las guías chilenas, pero insistió en que su mayor riesgo es la inmovilidad. Sin un ciclo de actualización continua, los documentos que pretenden orientar la salud pública corren el riesgo de quedar atrapados en el pasado mientras la epidemia avanza.

En la Universidad Finis Terrae, un grupo de especialistas nacionales se reunió a mediados de 2026 para enfrentar una realidad incómoda: las directrices nutricionales de Chile necesitan una revisión urgente. La ocasión fue la Jornada de Actualización sobre Guías Alimentarias, Lácteos y Salud, organizada por la Escuela de Nutrición y Dietética junto al Consorcio Lechero. El propósito era claro: analizar cómo comunicar mejor la nutrición en un país donde la desinformación alimentaria prospera y las enfermedades crónicas avanzan sin freno.

Octavio Oltra, gerente del Consorcio Lechero, explicó que la alianza con la universidad busca mejorar la forma en que se transmite el valor nutricional de los alimentos. Pero su mensaje fue más profundo: las guías alimentarias no son documentos estáticos. Responden a las condiciones de cada momento histórico. Chile de hoy enfrenta desafíos distintos a los de hace una década, y las recomendaciones deben evolucionar en consecuencia. El país necesita mirar hacia adelante, identificar qué requiere su población ahora, cuáles son los obstáculos de salud que enfrenta.

El Dr. Rodrigo Valenzuela, director del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, presentó los números que justifican la urgencia. La obesidad en adultos chilenos ya supera el 80 por ciento. Esta cifra no existe en el vacío: coexiste con desnutrición infantil y malnutrición por exceso, una paradoja que refleja la complejidad epidemiológica del país. Frente a este panorama, Valenzuela enfatizó el rol de los lácteos. El consumo de leche, yogur y queso no solo modera la ganancia de peso corporal, sino que mejora la calidad general de la dieta. Los beneficios se extienden más allá del peso: fortalecen la microbiota, protegen el hígado, mejoran la salud cardiovascular, previenen el deterioro cognitivo en la vejez, conservan la masa ósea y muscular, y los productos fermentados ofrecen efectos anticancerígenos.

Pero Valenzuela fue más allá del simple inventario de beneficios. Planteó que el mensaje actual en Chile—"Consuma lácteos durante todas las etapas de la vida"—es correcto pero insuficiente. El próximo paso exige precisión. Las guías deben orientar cómo usar los lácteos para prevenir y tratar enfermedades crónicas, para promover un envejecimiento saludable, y para frenar la obesidad infantil, que también representa una crisis en el país.

Samuel Durán, experto de la Universidad San Sebastián y presidente del Comité Científico Gracias a la Leche, aportó una perspectiva internacional. Utilizó herramientas de procesamiento de lenguaje natural para analizar las 98 guías alimentarias del mundo. El resultado fue alentador: Chile está bien posicionado, ubicado entre los países con mayor desarrollo en recomendaciones sobre lácteos. Pero Durán también advirtió sobre un desafío institucional crítico. Las guías no solo deben desarrollarse; deben permear la sociedad. Las universidades juegan un rol fundamental en difundir estos conocimientos a través de los estudiantes, canalizándolos hacia toda la población. En un contexto de abundante desinformación nutricional, las guías elaboradas por expertos nacionales son brújulas confiables que orientan según las necesidades reales del país.

Oscar Castillo, director de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Finis Terrae, cerró el debate con una propuesta constructiva. Reconoció que la última edición de las guías chilenas fue bien desarrollada, con una metodología rigurosa liderada por la profesora Nelly Bustos, quien consultó ampliamente con expertos y población. Es una buena guía, dijo, pero siempre susceptible de mejora. El desafío institucional real es establecer plazos concretos de revisión. Castillo propuso que las guías alimentarias no sean documentos que se actualizan ocasionalmente, sino que entren en un ciclo de transformación continua. Fijar temporalidades específicas permitiría evaluar el impacto real de las recomendaciones y, sobre esa base, introducir las modificaciones necesarias. Sin este compromiso institucional, las guías corren el riesgo de quedarse rezagadas frente a una realidad epidemiológica que cambia más rápido que los documentos que pretenden orientarla.

Las guías alimentarias responden a las condiciones que los países están viviendo en su momento. Necesitamos mirar nuevamente qué requiere nuestra población y cuáles son los desafíos nutricionales y de salud que tiene Chile mirando hacia adelante.
— Octavio Oltra, gerente del Consorcio Lechero
El principal desafío institucional es fijar plazos de revisión concretos. El compromiso debiera ser una revisión y modificación continua.
— Oscar Castillo, director de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Finis Terrae
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué es tan urgente actualizar las guías ahora? ¿No se revisan regularmente?

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Las guías existen, pero no hay un ciclo formal de revisión. Chile tiene una buena edición reciente, pero sin plazos concretos, el documento puede envejecer mientras la realidad epidemiológica avanza. Con 80 por ciento de obesidad en adultos, el país enfrenta desafíos que las recomendaciones generales no alcanzan a cubrir.

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¿Qué tiene de especial el enfoque en lácteos? ¿No es solo promoción de la industria?

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Los especialistas presentan evidencia: los lácteos mejoran la microbiota, protegen el corazón, previenen deterioro cognitivo. Pero el punto no es vender leche. Es que las guías deben ser precisas sobre cómo estos alimentos previenen enfermedades crónicas específicas, no solo recomendaciones genéricas.

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¿Cuál es el rol de las universidades en todo esto?

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Las universidades son los puentes entre la investigación y la población. Si los estudiantes entienden y transmiten estas guías, permean la sociedad. Sin ese canal, la desinformación gana terreno.

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¿Qué significa que Chile esté "bien posicionado" internacionalmente?

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De 98 guías alimentarias mundiales, Chile está entre los países más avanzados en recomendaciones sobre lácteos. Pero estar bien posicionado no significa estar terminado. El desafío es mantener esa ventaja mientras se adapta a nuevas realidades de salud.

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¿Qué pasaría si no se actualizan las guías?

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Seguirían siendo válidas, pero cada vez menos relevantes. Un país con 80 por ciento de obesidad necesita orientaciones específicas sobre prevención de enfermedades crónicas y envejecimiento saludable, no solo mensajes generales.

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