En el hemiciclo guatemalteco, el martes se hizo visible una fractura que suele permanecer oculta: los acuerdos entre líderes parlamentarios se deshacen cuando llegan al pleno. La sesión ordinaria del Congreso colapsó por falta de quórum, no por ausencia de diputados, sino por ausencia de voluntad. Lo que estaba en juego no era solo la agenda del día, sino la pregunta más profunda sobre si la palabra empeñada en privado tiene algún peso en la política pública.