En los años electorales, los parlamentos no desaparecen: se contraen. El Congreso Nacional de Brasil ha reanudado formalmente sus sesiones tras el receso de julio, pero ha acordado concentrar toda votación sustantiva en apenas dos ventanas de trabajo —diez días en total— antes de que la campaña de octubre absorba la atención de sus legisladores. Detrás de esa pausa calculada aguarda una acumulación considerable: 87 vetos presidenciales sin procesar, reformas laborales y de seguridad pública estancadas, y decisiones sobre inteligencia artificial y minerales críticos que el país aún no ha tomado