Cuando una relación termina, no se pierde solo a una persona: se pierden los planes, las rutinas y la identidad construida en común. La psicóloga Chiófalo recuerda que el dolor evitado no desaparece, sino que se aplaza, y que solo quien se permite atravesarlo conscientemente puede llegar a una aceptación genuina. En el duelo amoroso, como en tantos otros tránsitos humanos, no existe atajo que no cobre su precio más adelante.