A los 62 años, viaja semanalmente desde Junín para estudiar Derecho en San Marcos

Antenor enfrenta limitaciones de movilidad por espondilitis anquilosante crónica que afecta su columna vertebral, requiriendo apoyo de becas y adaptaciones académicas para continuar sus estudios.
Los límites los pone uno mismo. La discapacidad no es incapacidad.
Yarihuamán reflexiona sobre su decisión de estudiar Derecho a los 62 años pese a su enfermedad crónica.

En los márgenes donde la edad, el dolor y la distancia geográfica suelen silenciar los sueños, Antenor Yarihuamán, exmilitar de 62 años con espondilitis anquilosante, viaja cada semana desde Junín hasta Lima para estudiar Derecho en San Marcos. Su ingreso en 2024, sostenido por la Beca Inclusión de Pronabec y la solidaridad de compañeros décadas más jóvenes, no es solo una historia de perseverancia individual: es una interpelación silenciosa a los límites que la sociedad impone sobre quién merece aprender y cuándo. Su meta no es el estrado, sino reformar desde adentro las políticas que afectan a quienes viven, como él, con discapacidad.

  • Un hombre de 62 años con una enfermedad que rigidiza su columna vertebral desafía cada semana el agotamiento físico para no abandonar su carrera universitaria.
  • La distancia entre Chanchamayo y Lima no es solo geográfica: representa el costo real, en dolor y dinero, que Yarihuamán paga dos veces por semana para mantenerse en las aulas.
  • Cuando el cuerpo cede, son sus compañeros de 17 años quienes graban las clases y tienden el puente entre él y el conocimiento que no pudo presenciar.
  • La Beca Inclusión de Pronabec actúa como columna vertebral financiera de un proyecto que, sin ese sostén institucional, simplemente no existiría.
  • Yarihuamán avanza hacia una especialización en derecho administrativo con una brújula clara: asesorar políticas públicas y defender derechos de personas con discapacidad desde dentro del sistema que los regula.

Cada martes y miércoles, Antenor Yarihuamán parte desde San Ramón, en la provincia de Chanchamayo, hacia Lima. Tiene 62 años, espondilitis anquilosante —una enfermedad reumática que progresivamente rigidiza la columna y genera dolor crónico— y una determinación que no parece negociar con ninguna de esas circunstancias. Su destino es la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudia desde 2024.

La idea de estudiar una carrera universitaria nació durante la pandemia, cuando uno de sus tres hijos le preguntó por qué él no lo hacía mientras les ayudaba con las tareas. La pregunta germinó despacio. En marzo de 2024, Yarihuamán se presentó a San Marcos por la modalidad de admisión para personas con discapacidad, habiendo preparado su candidatura con rigor. Obtuvo su vacante.

Desde entonces, construyó un sistema de vida adaptado a sus límites: clases concentradas en solo dos días para reducir el desgaste físico, hospedaje y alimentación en Lima financiados en gran parte por la Beca Inclusión de Pronabec. Cuando el dolor le impide asistir, sus compañeros —la mayoría de apenas 17 años— graban las lecciones para que no pierda el hilo. Es solidaridad sin condescendencia.

Yarihuamán no aspira al litigio. Su horizonte es el derecho administrativo, la formulación de políticas públicas y la defensa de los derechos de las personas con discapacidad desde dentro del sistema. Ha vivido esa realidad y conoce sus grietas. En un mensaje que la propia universidad difundió, fue directo: la discapacidad, dijo, no es incapacidad, sino una oportunidad para enfrentar retos. No lo dice como consigna. Lo demuestra cada semana en el camino entre la sierra central y la capital.

Cada martes y miércoles, Antenor Yarihuamán se levanta en San Ramón, un pueblo de la provincia de Chanchamayo en Junín, y emprende un viaje que muchos considerarían agotador. A los 62 años, con una enfermedad crónica que ha ido minando su capacidad de movimiento, se traslada hasta Lima para asistir a clases en la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. No es un viaje ocasional. Es semanal. Ha sido así desde que ingresó a la universidad en 2024, y seguirá siéndolo mientras complete su carrera.

La espondilitis anquilosante, el mal reumático que aqueja a Yarihuamán, es una enfermedad que progresivamente rigidiza la columna vertebral. Limita la movilidad, genera dolor crónico, y en muchos casos habría sido razón suficiente para abandonar cualquier proyecto ambicioso. Pero Yarihuamán no es un hombre que se detenga fácilmente. Exintegrante de las Fuerzas Armadas, padre de tres hijos, decidió hace poco más de dos años que quería ser abogado. La idea no surgió de la nada. Vino durante la pandemia, cuando ayudaba a sus hijos con las tareas escolares y uno de ellos le preguntó por qué él no estudiaba una carrera universitaria. La pregunta quedó flotando. Luego germinó.

En marzo de 2024, Yarihuamán presentó su solicitud a San Marcos por la modalidad de admisión para personas con discapacidad. Había estudiado los balotarios de la universidad, analizado la estructura de sus preguntas, preparado su candidatura con cuidado. Obtuvo una vacante. Lo que vino después fue la construcción de un sistema de vida completamente nuevo: organizar su semana alrededor de dos días de clases, financiar viajes semanales desde la sierra central hasta la capital, encontrar hospedaje y comida, y todo esto mientras su cuerpo le recordaba constantemente sus limitaciones.

La Beca Inclusión del Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (Pronabec) ha sido fundamental. Sin ella, el proyecto habría sido imposible. Pero Yarihuamán también ha hecho su parte: ajustó su horario académico para asistir únicamente los martes y miércoles, reduciendo así el desgaste físico que implica viajar. Cuando el dolor es demasiado intenso y no puede presentarse en la universidad, sus compañeros de clase —la mayoría de apenas 17 años— graban las lecciones para que no se quede atrás. Es un acto de solidaridad que habla tanto de ellos como de él: un hombre que inspira apoyo, no lástima.

Yarihuamán no estudia Derecho para convertirse en litigante. Su visión es más específica y, en cierto sentido, más profunda. Aspira a especializarse en derecho administrativo, a trabajar en la formulación y asesoramiento de políticas públicas, a defender los derechos de las personas con discapacidad desde adentro del sistema. Ha vivido esa realidad. Conoce sus grietas. Quiere repararlas. En un mensaje dirigido a los jóvenes que la propia universidad difundió, Yarihuamán fue directo: "Nunca es tarde. Los límites los pone uno mismo. La discapacidad no es incapacidad, sino una oportunidad para enfrentar retos y superarlos". No es una frase hecha. Es una declaración que sale de alguien que cada semana demuestra que la sabe de memoria.

Nunca es tarde. Los límites los pone uno mismo. La discapacidad no es incapacidad, sino una oportunidad para enfrentar retos y superarlos.
— Antenor Yarihuamán
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Qué fue lo que cambió cuando tu hijo te hizo esa pregunta sobre estudiar una carrera?

Model

Fue como si alguien hubiera encendido una luz que estaba apagada hace mucho tiempo. Yo había aceptado ciertas limitaciones como definitivas, pero la pregunta me obligó a cuestionarme si realmente lo eran.

Inventor

¿Por qué Derecho específicamente, y no otra carrera?

Model

Porque vi que podía hacer algo útil con él. No quería un título por tenerlo. Quería poder defender a gente como yo, gente que enfrenta barreras que van más allá de lo físico.

Inventor

¿Cómo es viajar cada semana con el dolor que tienes?

Model

Hay días en que es casi insoportable. Pero cuando llego a la universidad y veo a mis compañeros, cuando estoy en una clase aprendiendo algo nuevo, el dolor se vuelve secundario. Es como si tuviera un propósito que lo justifica.

Inventor

¿Qué esperas lograr después de graduarte?

Model

No quiero estar en un juzgado litigando. Quiero estar donde se toman decisiones sobre políticas públicas, donde puedo influir para que las cosas cambien para las personas con discapacidad.

Inventor

¿Qué les dirías a otros que creen que es demasiado tarde para ellos?

Model

Que los límites que ven son ilusiones. Que la edad, la enfermedad, las circunstancias difíciles no son el final de la historia. Son solo el escenario donde decides si vas a seguir adelante o no.

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