En la meseta neuquina, donde el subsuelo ha definido durante décadas el destino económico de una ciudad, las excavadoras ahora abren paso a una visión distinta: un polo de ciencia, medicina y tecnología que aspira a complementar —y eventualmente trascender— la dependencia de los hidrocarburos. El tercer módulo del Polo Científico Tecnológico, concebido como distrito médico con vínculos internacionales, representa la apuesta de Neuquén por construir una economía del conocimiento sobre el mismo suelo que alguna vez solo prometió petróleo y gas.