Colombia gira a la derecha: De la Espriella gana con 49,8% en polarizada segunda vuelta

A los jueces obedeceré, pero solo reconozco el escrutinio oficial
Petro sembró dudas sobre la validez del preconteo rápido horas antes de que cerraran las urnas.

Colombia ha cerrado un ciclo político con la elección de Abelardo de la Espriella, abogado de derecha que obtuvo casi el 50% de los votos frente al senador izquierdista Iván Cepeda en una segunda vuelta que reflejó una nación dividida casi por mitades. La jornada fue calificada de democrática por observadores internacionales, aunque la sombra de la deslegitimación anticipada por el expresidente Petro recordó que las instituciones, por sólidas que sean, no escapan al peso de la desconfianza política. Con este resultado, la tercera economía de Iberoamérica se suma a la ola de gobiernos de derecha que redefine el mapa del continente.

  • Casi 50 millones de colombianos habilitados para votar se enfrentaron a una elección que no era solo entre dos candidatos, sino entre dos visiones irreconciliables de país.
  • El expresidente Petro sembró dudas sobre el preconteo rápido antes incluso de conocerse los resultados, repitiendo una estrategia de cuestionamiento sin evidencias que ya había ensayado en la primera vuelta.
  • Más de 408.000 efectivos de la Fuerza Pública desplegados y observadores de la Unión Europea en terreno buscaron blindar la legitimidad de un proceso que el registrador nacional defendió como uno de los más transparentes de la región.
  • De la Espriella se impuso con 49,80% de los votos, consolidando un giro político que alinea a Colombia con Trump, Milei y Bukele y reorienta su política exterior e interior hacia la derecha.

Colombia eligió presidente el domingo en una segunda vuelta que enfrentó dos visiones de país casi irreconciliables. Abelardo de la Espriella, abogado de derecha del movimiento Defensores de la Patria, se impuso sobre el senador izquierdista Iván Cepeda con el 49,80% de los votos al escrutarse el 98% de las actas, cerrando un capítulo político y abriendo otro radicalmente distinto para la tercera economía de Iberoamérica.

La jornada transcurrió sin mayores sobresaltos. Los observadores internacionales, incluido el jefe adjunto de la Misión de la Unión Europea, la calificaron de «fiesta democrática». Hubo incidentes menores —una cámara oculta en La Guajira, suplantaciones de identidad en otros departamentos— pero las autoridades los describieron como hechos aislados. El registrador nacional, Hernán Penagos, recordó que el sistema colombiano combina voto manual en papel, jurados ciudadanos elegidos por sorteo y verificación biométrica, y que en la primera vuelta la coincidencia entre preconteo y escrutinio oficial había sido del 99,94%.

Lo que tiñó el día de incertidumbre fue la actitud del expresidente Gustavo Petro, quien anunció horas antes de votar que solo reconocería el escrutinio oficial, no el preconteo rápido. La frase «a los jueces obedeceré» dejó abierta la puerta al cuestionamiento de los resultados preliminares, repitiendo una estrategia ya ensayada en la primera vuelta, cuando denunció sin evidencias la inclusión de 800.000 cédulas ajenas al censo, acusación que auditorías posteriores desmintieron.

Cepeda votó en el barrio Kennedy de Bogotá, donde creció, y pidió «serenidad» a sus simpatizantes. De la Espriella lo hizo en Barranquilla, vistiendo la camiseta de la selección colombiana, símbolo de un discurso nacionalista que prometió mano dura contra la inseguridad. Su victoria consolida un giro continental: Colombia se suma ahora a la órbita de Trump, Milei y Bukele, en un continente que se reorienta hacia la derecha con especial atención desde Washington, donde el senador republicano Bernie Moreno, de familia colombiana, estuvo presente como veedor internacional.

Colombia eligió presidente el domingo con un resultado que cierra un capítulo político y abre otro radicalmente distinto. Abelardo de la Espriella, abogado de derecha y candidato del movimiento Defensores de la Patria, se impuso sobre Iván Cepeda, senador de izquierda del Pacto Histórico, con 49,80% de los votos cuando estaba escrutado el 98% de las actas. La segunda vuelta enfrentó dos visiones de país irreconciliables, y el mapa electoral que emergió reflejó una nación dividida casi por mitades, aunque con ventaja clara para la derecha.

La jornada transcurrió sin mayores sobresaltos. Más de 41 millones de colombianos estaban habilitados para votar, y más de 408.000 efectivos de la Fuerza Pública vigilaron el territorio nacional. Los observadores internacionales, incluido José Antonio de Gabriel, jefe adjunto de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, calificaron el proceso como una «fiesta democrática». Los puestos de votación abrieron puntualmente y hubo equilibrio en la presencia de testigos electorales. Sin embargo, no faltaron incidentes menores: en La Guajira, departamento fronterizo con Venezuela, fue detenida una persona por usar una cámara oculta en una mesa de votación; en otros departamentos hubo detenciones por fotografiar el voto y suplantar identidad. Las autoridades insistieron en que se trataba de hechos aislados.

Lo que tiñó la jornada de incertidumbre fue la sombra de la deslegitimación que el expresidente Gustavo Petro proyectó sobre el proceso. Horas antes de votar, Petro anunció que solo reconocería los resultados del escrutinio oficial, no del preconteo rápido que se conoce apenas cierran las mesas. «A los jueces obedeceré», dijo, en una frase que dejaba abierta la puerta a cuestionar los resultados preliminares. No era la primera vez: en la primera vuelta del 31 de mayo, Petro había denunciado sin evidencias la inclusión de 800.000 cédulas ajenas al censo electoral, una acusación que auditorías posteriores desmintieron pero que nunca reconoció formalmente como infundada. El Gobierno había advertido de «atención especial» en Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y Barranquilla ante el riesgo de protestas tras el cierre de urnas.

El registrador nacional, Hernán Penagos, defendió la solidez del sistema electoral colombiano: voto manual en papel, conteo a cargo de jurados ciudadanos elegidos por sorteo, y verificación biométrica de identidad. En la primera vuelta, la coincidencia entre el preconteo y el escrutinio oficial había sido del 99,94%, sin reclamaciones formales ante el Consejo Nacional Electoral. Ambos candidatos se comprometieron públicamente a reconocer los resultados. Cepeda, que votó en el colegio San Lucas del barrio Kennedy en el sur de Bogotá, donde creció, pidió «verificar los resultados» y llamó a sus simpatizantes a tener «serenidad». De la Espriella votó en Barranquilla, ciudad caribeña que se ha convertido en símbolo de su campaña, vistiendo la camiseta de la selección colombiana de fútbol, prenda que ha integrado a su discurso nacionalista junto al mensaje de «mano dura» contra la inseguridad.

La primera vuelta había mostrado un país geográficamente dividido: Cepeda se impuso en la capital y en la región Caribe, mientras De la Espriella ganó terreno entre la clase media bogotana que en 2022 había respaldado a Petro. El desafío para el izquierdista era retomar esos bastiones con nuevas alianzas y moderación de posturas. No lo logró. El resultado de esta segunda vuelta marca el rumbo de la tercera economía de Iberoamérica y define un giro hacia un Gobierno más alineado con Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele. Washington observó los comicios con especial atención, como quedó reflejado en la presencia del senador republicano Bernie Moreno, estadounidense de familia colombiana, entre los veedores internacionales acreditados. Colombia entra ahora en una era política distinta, con un presidente que promete seguridad y nacionalismo, en un continente que se reorienta hacia la derecha.

Calificó la jornada de fiesta democrática tras constatar la apertura puntual de los puestos de votación y un equilibrio en la presencia de testigos
— José Antonio de Gabriel, jefe adjunto de la Misión de Observación Electoral de la UE
Solo reconocería los resultados del escrutinio oficial, no del preconteo rápido
— Gustavo Petro, expresidente
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Cómo se explica que De la Espriella ganara con apenas 49,8%? ¿No es un margen muy estrecho para un mandato de seis años?

Model

Es estrecho, sí, pero en una segunda vuelta polarizada, ganar es ganar. Lo que importa es que logró conquistar a la clase media bogotana que cuatro años atrás había votado por Petro. Eso fue decisivo.

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¿Y por qué Petro cuestionó el preconteo antes de que siquiera cerraran las urnas? ¿Qué buscaba?

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Petro ya había usado esa estrategia en la primera vuelta, denunciando cédulas falsas que nunca probó. Parece un patrón: sembrar dudas sobre la legitimidad del proceso si los resultados no le favorecen.

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Pero los observadores internacionales dijeron que fue una «fiesta democrática». ¿Cómo se concilia eso con la deslegitimación?

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Ahí está la tensión. El proceso electoral en sí fue limpio, con 408.000 efectivos vigilando y sistemas de verificación sólidos. El problema no fue técnico, fue político: alguien decidió no confiar en los resultados antes de conocerlos.

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¿Qué significa este giro a la derecha para la región?

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Colombia se alinea ahora con Trump, Milei, Bukele. Es un cambio de orientación geopolítica importante. La tercera economía de Iberoamérica gira hacia políticas de seguridad más duras y menos énfasis en los acuerdos de paz.

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