En el umbral de una nueva era para las relaciones hemisféricas, Colombia ha dado un paso que redefine su postura soberana frente al crimen transnacional: bajo el gobierno de Abelardo de la Espriella, Bogotá se convierte en el decimonoveno miembro de la Coalición contra los Cárteles de las Américas y autoriza operaciones militares conjuntas con Estados Unidos en su propio territorio. Este giro, respaldado por mil millones de dólares en asistencia de seguridad, no es solo un acuerdo técnico sino una declaración de alineamiento geopolítico que cierra una etapa de tensión con Washington y abre otr