En Ciudad de Panamá, Colombia formalizó su adhesión a la Coalición contra los Carteles de las Américas y autorizó operaciones militares conjuntas con Estados Unidos en su propio territorio, marcando un giro deliberado en la política de seguridad del nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella. No se trata de una presión externa, sino de una elección soberana que reencuadra la lucha contra el narcotráfico como una guerra contra el terrorismo, con todo lo que esa definición implica para la soberanía, la responsabilidad y el futuro de la región.