En el cruce entre la nutrición y el envejecimiento, un equipo de investigadores españoles ha encontrado que dos nutrientes comunes —la colina y la betaína— pueden marcar una diferencia mensurable en cómo el cerebro de las personas mayores resiste el paso del tiempo. Siguiendo a más de seis mil adultos con riesgo metabólico durante dos años, el estudio sugiere que lo que ponemos en el plato cada día puede ser, silenciosamente, una forma de cuidar la mente. No es una cura, sino un recordatorio de que la sabiduría a veces se sienta a la mesa.