Un fragmento olvidado del Falcon 9 de SpaceX, a la deriva durante más de un año, encontrará su fin definitivo el 5 de agosto al estrellarse contra la Luna a 8.700 km/h. Lo que podría leerse como un accidente cósmico revela, en realidad, una verdad más profunda: la huella humana en el espacio ya no se limita a la Tierra, y los residuos de nuestra ambición viajan más lejos de lo que imaginamos. En este choque involuntario, la ciencia encuentra una oportunidad inesperada para comprender mejor los riesgos que enfrentará la próxima generación de exploradores lunares.