En los días en que el conocimiento cruza fronteras sin pasaporte, siete jóvenes de Coahuila viajaron a Singapur para medir su ingenio matemático contra estudiantes de más de cincuenta naciones. Regresaron en julio de 2026 con diez reconocimientos —medallas de oro, plata y bronce, más una mención honorífica— como testimonio de que el talento florece también en las aulas del norte de México. Su logro no es solo personal: es un recordatorio de que la educación matemática, cuando se cultiva con rigor y ambición, puede proyectar a comunidades enteras hacia el escenario mundial.