Cuando llegan los cayucos es porque estamos fracasando
Desde Buenos Aires, el presidente de Canarias Fernando Clavijo alzó la voz contra el Pacto Europeo de Migración y Asilo recién entrado en vigor, argumentando que sus mecanismos de detención prolongada y centros fuera del territorio comunitario erosionan los derechos humanos en lugar de protegerlos. Clavijo habla desde una geografía que conoce el peso de la migración en ambas direcciones: el archipiélago que durante décadas exportó a medio millón de sus hijos a América ahora recibe a quienes cruzan el Atlántico desde África. En esa memoria colectiva encuentra la brújula moral con la que juzga las políticas europeas, y la encuentra apuntando en sentido contrario al que marca Bruselas.
- El Pacto Europeo de Migración y Asilo, vigente desde el 12 de junio, amplía las retenciones de 72 horas a seis meses y autoriza centros de detención fuera de la UE, medidas que Clavijo califica de violaciones sistemáticas de derechos humanos.
- Las llegadas a Canarias cayeron de 47.000 personas en 2024 a unas 5.000 en lo que va de 2026, pero el presidente advierte que el recorte del 25% en fondos de cooperación de Estados Unidos y la presión demográfica africana podrían desencadenar nuevas oleadas masivas.
- La distribución de responsabilidad sigue siendo profundamente desigual: los países fronterizos del sur europeo absorben la carga mientras los del norte rechazan el reparto, perpetuando un sistema que colapsa las instituciones locales.
- Clavijo buscó respaldo en el papa León XIV durante su visita a Canarias, y el pontífice expresó su propio desacuerdo con la normativa, sumando peso moral a una crítica que hasta ahora no ha movido las estructuras de Bruselas.
- El presidente canario reclama una reflexión urgente de las grandes potencias: sin políticas reales de cooperación y desarrollo que ataquen las causas de la migración, ningún pacto de contención resolverá lo que él describe como un fracaso político estructural.
Fernando Clavijo cerró una gira por Uruguay y Argentina cuando decidió hacer pública una crítica que llevaba tiempo madurando. Desde Buenos Aires, pidió a la Unión Europea que reconsiderara el Pacto de Migración y Asilo recién estrenado, señalando que sus mecanismos no protegen derechos humanos sino que los vulneran: retenciones de hasta seis meses —frente a las 72 horas anteriores— y centros de detención fuera del territorio comunitario configuran, a su juicio, un sistema que va en la dirección equivocada.
Canarias no es un observador neutral en este debate. El archipiélago recibió 47.000 migrantes en 2024, 20.000 en 2025 y cerca de 5.000 en lo que va de 2026. Para Clavijo, esos números no describen una invasión sino el síntoma de un fracaso colectivo en cooperación internacional y desarrollo. Cuando los cayucos tocan tierra española, algo fundamental ha roto antes en el sistema global.
El presidente también invocó la historia propia de las islas: hace décadas, hasta medio millón de canarios emigraron a Venezuela, Cuba, Uruguay y Argentina huyendo de vidas difíciles. Muchos de sus descendientes regresan hoy amparados por la Ley de Memoria Democrática. Esa experiencia de partir y ser recibido —o rechazado— debería, cree Clavijo, moldear la forma en que Europa trata a quienes ahora llegan desde el sur.
Durante la visita del papa León XIV a Canarias, coincidiendo con la entrada en vigor del pacto, el presidente le trasladó sus preocupaciones. El pontífice, según Clavijo, compartía sus reparos. Pero las críticas morales no han bastado para mover a Bruselas, y el horizonte se complica: el recorte del 25% en fondos de cooperación de Estados Unidos añade presión sobre un continente africano joven y con escasas oportunidades económicas, mientras Europa envejece. La matemática demográfica, advierte Clavijo, apunta hacia nuevas oleadas. La pregunta no es si llegarán más personas, sino en qué condiciones y con qué respuesta europea las recibirán.
Fernando Clavijo, presidente de Canarias, viajaba por América del Sur cuando decidió hacer una declaración que llevaba tiempo gestándose. Desde Buenos Aires, donde concluía una gira por Uruguay y Argentina, pidió a la Unión Europea que reconsiderara el Pacto de Migración y Asilo que acababa de entrar en vigor días antes. Su argumento era directo: el pacto, a su juicio, incentiva violaciones de derechos humanos fuera del territorio comunitario y representa un fracaso compartido de políticas que deberían funcionar de otra manera.
Clavijo no hablaba desde la abstracción. Canarias, el archipiélago español más cercano a las costas de África Occidental, recibe año tras año a miles de personas que llegan en embarcaciones precarias. En 2024 fueron 47.000. En 2025, la cifra bajó a 20.000. En lo que iba de 2026, sumaban unas 5.000. El presidente canario veía en esos números no una invasión sino un síntoma de fracaso político: fracaso en cooperación internacional, fracaso en desarrollo, fracaso en crear condiciones que permitieran a las personas permanecer en sus lugares de origen. Cuando los cayucos llegaban a las costas españolas, decía, era porque algo fundamental estaba roto en el sistema.
Pero Clavijo también traía consigo una perspectiva histórica que moldeaba su argumento. Canarias no siempre fue tierra de acogida. Fue tierra de partida. Hace décadas, hasta medio millón de isleños emigraron a países de América: Venezuela, Cuba, Uruguay, Argentina. Muchos de sus descendientes ahora regresaban, amparados por la Ley de Memoria Democrática. El presidente recordaba esto no como nostalgia sino como lección. Su pueblo conocía lo que significaba huir de vidas difíciles, buscar oportunidades en otro lugar, ser recibido o rechazado según el humor político del momento. Esa experiencia, creía, debería informar cómo Canarias y Europa trataban a quienes ahora llegaban desde el sur.
El Pacto Europeo de Migración y Asilo, que entró en vigor el 12 de junio, concentraba sus críticas. El pacto permitía retenciones de hasta seis meses, comparadas con las 72 horas anteriores. Permitía, además, la creación de centros de detención fuera del territorio de la Unión Europea, una práctica que Clavijo consideraba especialmente problemática para la protección de derechos humanos. Estas medidas, argumentaba, no solo vulneraban a las personas migrantes sino que colapsaban las instituciones locales que debían gestionarlas. El pacto también perpetuaba una distribución desigual de responsabilidad: la Europa pobre, decía, se quedaba con los migrantes mientras que la Europa rica rehusaba acogerlos en sus calles.
Clavijo había expresado estas preocupaciones directamente al papa León XIV cuando este visitó Canarias justo cuando el pacto entraba en vigor. El pontífice, según el presidente canario, compartía sus desacuerdos con la normativa. Las organizaciones defensoras de derechos de migrantes también lo hacían. Pero Clavijo sabía que las críticas no bastaban. Pedía una reflexión más profunda de las principales potencias mundiales, incluida la Unión Europea, sobre el rumbo que estaban tomando.
Había otro factor que preocupaba al presidente canario: Estados Unidos acababa de recortar un 25 por ciento sus fondos de cooperación internacional. En un continente como África, donde la edad promedio de la población era baja y las oportunidades económicas escasas, eso significaba más presión migratoria. Europa, por su parte, envejecía. La matemática demográfica sugería que sin cambios en las políticas de cooperación y desarrollo, las presiones migratorias solo aumentarían. Clavijo abogaba por una migración ordenada y regulada, pero no a través de retenciones prolongadas y centros de detención opacos. Eso, creía, iba en la dirección opuesta a lo que recomendaba el papa.
Mientras hablaba desde Buenos Aires, Clavijo advertía sobre lo que podría venir. Todo parecía indicar que el recrudecimiento de la coyuntura global, los conflictos, la pobreza, el cambio climático, podrían generar otro efecto masivo de llegadas a las costas canarias. La pregunta no era si llegarían más migrantes, sino cuándo y en qué condiciones. Un pacto europeo que prolongaba retenciones y permitía detenciones fuera de territorio comunitario no parecía, a su juicio, la respuesta adecuada. Esperaba que su visita a América, sus conversaciones, sus advertencias, movieran algo en Bruselas. Que alguien reflexionara un poco mejor sobre el camino que Europa estaba tomando.
Notable Quotes
Siempre hemos mantenido que cuando llegan los cayucos a nuestras costas es porque estamos fracasando, es un fracaso en la política de cooperación y desarrollo internacional, un fracaso de la política europea, de nuestro propio país— Fernando Clavijo, presidente de Canarias
Canarias es una tierra de acogida y los isleños han respondido con aceptación y no con lenguajes o posturas xenófobas— Fernando Clavijo
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué un presidente regional de una isla española se toma la molestia de viajar a América del Sur para hablar de migración?
Porque Canarias no es solo una región española. Es la frontera sur de Europa, el primer puerto de llegada para decenas de miles de personas cada año. Y porque Clavijo entiende algo que otros políticos evitan: que migración es un espejo. Canarias emigró. Ahora recibe. Eso te da perspectiva.
Pero el pacto europeo acaba de entrar en vigor. ¿No es demasiado tarde para pedir que se reconsidere?
Técnicamente sí. Pero políticamente, no. Un presidente regional que habla desde la frontera, que tiene datos reales de lo que sucede en sus costas, que invoca al papa, que apela a la historia de su propio pueblo, eso tiene peso. No es un voto que puede cambiar el pacto. Es una voz que dice: esto no va a funcionar.
¿Qué lo preocupa más del pacto? ¿Las retenciones largas o los centros de detención fuera de la UE?
Ambas cosas, pero por razones diferentes. Las retenciones largas colapsan los sistemas locales y vulneran a personas. Los centros fuera de territorio comunitario son peor: son invisibles. Nadie puede supervisar qué sucede allí. Es donde los derechos humanos desaparecen.
Menciona que los números de llegadas bajaron de 47.000 a 5.000. ¿Eso no sugiere que algo está funcionando?
Funcionando, pero no de la manera que él querría. Esos números bajaron porque hay menos cooperación internacional, menos fondos, más represión en origen. No porque hayamos resuelto nada. Y advierte que eso es frágil. Un conflicto nuevo, un desastre climático, y esos números vuelven a subir.
¿Cree realmente que Europa escuchará a un presidente canario?
Probablemente no. Pero alguien tiene que decirlo. Y Clavijo lo dice desde un lugar de autoridad moral: su pueblo fue migrante. Eso es diferente a un político europeo rico predicando desde Bruselas.