Durante décadas, los temblores que generan los rayos al impactar el suelo fueron descartados por la ciencia como ruido sin valor. Investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania encontraron la manera de escuchar ese silencio aparente: usando cables de fibra óptica enterrados bajo su campus, convirtieron 458 tormentas en mapas detallados del subsuelo hasta cien metros de profundidad. Es un recordatorio de que lo que una época llama interferencia, otra época puede llamar conocimiento.