El suelo pierde estabilidad y comienza a compactarse lentamente
Sobre los sedimentos de un lago que dejó de existir hace siglos, Ciudad de México se hunde dos centímetros cada mes, un descenso silencioso que la tecnología satelital de la NASA ahora registra con precisión inquietante. El suelo arcilloso que sostiene a más de veinte millones de personas cede porque se extrae agua subterránea a un ritmo que la naturaleza no puede reponer. En este ciclo, la ciudad no solo pierde terreno: pierde hasta el cuarenta por ciento del agua que intenta distribuir, y cada fuga obliga a bombear más, acelerando la caída. Es una de las paradojas más antiguas de la civilización: la búsqueda del agua que da vida puede, con el tiempo, socavar los cimientos de todo lo construido sobre ella.
- El radar Nisar de la NASA ha hecho visible lo invisible: zonas enteras de la capital mexicana descienden a un ritmo que compromete edificios, tuberías y monumentos históricos como el Ángel de la Independencia.
- El suelo arcilloso heredado de un antiguo lago se compacta sin pausa cada vez que se bombea agua de los acuíferos, y ese proceso no tiene marcha atrás una vez iniciado.
- Hasta el 40% del agua potable se escapa por tuberías fracturadas antes de llegar a los hogares, lo que obliga a extraer más agua subterránea y, con ello, a hundir aún más el suelo.
- El ciclo se retroalimenta: más extracción genera más hundimiento, más hundimiento rompe más tuberías, más fugas exigen más extracción — y nadie ha encontrado la palanca para detenerlo.
- Suspender la extracción de agua subterránea frenaría el hundimiento, pero dejaría sin suministro a millones de habitantes; mantenerla garantiza el agua hoy a costa de la ciudad del mañana.
Cada mes, Ciudad de México desciende dos centímetros. No es un sismo ni un derrumbe repentino: es el suelo que cede lentamente bajo una ciudad que extrae más agua de la que la tierra puede devolver. El sistema de radar Nisar, desarrollado en colaboración entre la NASA y su contraparte india, ha capturado imágenes que revelan con precisión inédita el hundimiento acelerado en zonas específicas de la capital, poniendo en riesgo tanto las viviendas de millones de personas como los sistemas que mantienen funcionando a la ciudad.
La explicación tiene raíces históricas. Ciudad de México fue edificada sobre los restos de un antiguo lago, y el suelo arcilloso resultante es especialmente vulnerable al bombeo continuo de agua. Según científicos del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, cuando se extrae más agua de la que las lluvias pueden reponer, el terreno pierde estabilidad y se compacta de forma progresiva e irreversible. Los signos son visibles desde hace décadas: el Ángel de la Independencia ha necesitado escalones adicionales desde principios del siglo XX para compensar el descenso del suelo, y numerosos edificios históricos han debido ser adaptados.
Pero el problema más grave es invisible a simple vista. Investigadores de la UNAM han documentado que el hundimiento fractura la red de tuberías de agua potable y alcantarillado, provocando que hasta el 40% del agua se pierda por fugas antes de llegar a los hogares. Esa pérdida obliga a las autoridades a bombear más agua de los acuíferos, lo que acelera el hundimiento, que a su vez daña más tuberías, generando un ciclo que se retroalimenta sin pausa.
Los expertos no ven una salida sencilla. Frenar el hundimiento exigiría reducir o suspender la extracción de agua subterránea, pero eso afectaría el suministro de millones de personas que dependen de ese recurso para sus necesidades básicas. Es un dilema sin solución inmediata: proteger la infraestructura o garantizar el acceso al agua. Mientras tanto, la ciudad continúa su descenso silencioso, y los satélites documentan, mes a mes, lo que nadie ha logrado detener.
Cada mes, Ciudad de México desciende dos centímetros. No es un temblor, no es un colapso repentino. Es el suelo mismo que cede bajo el peso de una ciudad que extrae más agua de la que la tierra puede reponer. Los satélites de la NASA lo ven ahora con claridad que antes era imposible: el sistema de radar Nisar, una colaboración entre la agencia espacial estadounidense y su contraparte india, ha capturado imágenes que revelan el hundimiento acelerado en zonas específicas de la capital mexicana, un descenso que amenaza no solo las casas donde viven millones de personas, sino también los sistemas que mantienen viva a la ciudad.
La Ciudad de México fue construida sobre los restos de un antiguo lago. El terreno arcilloso que quedó atrás es especialmente vulnerable a lo que ocurre cuando se bombea agua sin cesar. Según Marin Govorčin, científico del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, el mecanismo es simple pero implacable: conforme se extrae más agua de la que las lluvias pueden reponer, el suelo pierde su estabilidad y comienza a compactarse lentamente. Es un proceso invisible hasta que deja de serlo.
Los signos están por todas partes. El Ángel de la Independencia, uno de los monumentos más icónicos de la ciudad, ha requerido la adición de varios escalones adicionales desde principios del siglo XX para compensar el descenso progresivo del terreno. Edificios históricos han tenido que ser adaptados. Pero el problema va mucho más allá de la estética urbana o la preservación del patrimonio. Expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México han documentado que el hundimiento está dañando la red de tuberías de agua potable y alcantarillado. El resultado es que hasta el 40 por ciento del agua potable se pierde por fugas antes de llegar a los hogares.
Esto ha creado un ciclo casi imposible de romper. La pérdida constante de agua obliga a las autoridades a extraer aún más líquido de los acuíferos para abastecer a una población que crece y demanda más. Pero esa mayor extracción acelera el hundimiento del suelo, que a su vez daña más tuberías, que a su vez causa más pérdidas. Cada paso agrava el siguiente.
Los expertos coinciden en que no existe una solución sencilla. Detener el hundimiento implicaría reducir o incluso suspender la extracción de agua subterránea, pero esa medida afectaría directamente el abastecimiento de millones de personas que dependen de ese recurso para beber, cocinar, limpiar, trabajar. Es un dilema sin salida fácil: proteger la infraestructura de la ciudad o garantizar el acceso al agua para sus habitantes. Por ahora, la ciudad sigue hundiéndose, dos centímetros cada mes, mientras la tecnología espacial documenta lo que nadie puede detener.
Citações Notáveis
A medida que se bombea más agua de la que la naturaleza puede reponer mediante las lluvias, el suelo pierde estabilidad y comienza a compactarse lentamente— Marin Govorčin, científico del Jet Propulsion Laboratory de la NASA
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué la Ciudad de México es tan vulnerable a esto? ¿No podría cualquier ciudad enfrentar el mismo problema?
La mayoría de las ciudades no fueron construidas sobre un lago desecado. La Ciudad de México está sobre arcilla, un material que se compacta cuando pierde agua. Otras ciudades tienen suelo más estable. Aquí, la geografía misma es el problema.
Entonces, ¿el hundimiento es inevitable?
No inevitable, pero sí muy difícil de detener. Necesitarían dejar de bombear agua subterránea, pero eso significaría que millones de personas no tendrían agua. Es un dilema sin ganadores.
¿Cuánto tiempo tienen antes de que esto sea irreversible?
Ya está ocurriendo. El Ángel de la Independencia lleva más de un siglo compensando el descenso. Lo que cambió es que ahora podemos medirlo con precisión. Antes era invisible.
¿Y el 40 por ciento de agua que se pierde?
Eso es lo que hace el ciclo más vicioso. Pierden agua por las tuberías rotas, así que extraen más de los acuíferos, lo que acelera el hundimiento, que rompe más tuberías. Es un espiral.
¿Hay algo que puedan hacer?
Reducir la extracción, mejorar la infraestructura de tuberías, captar más agua de lluvia. Pero todo requiere dinero, tiempo y decisiones políticas difíciles. Mientras tanto, el suelo sigue cediendo.