Durante décadas, la sabiduría popular y la medicina dermatológica coincidieron en un mandato simple: ducharse de inmediato tras el ejercicio. Ahora, un estudio piloto aleatorizado publicado en PubMed introduce una duda razonada: no encontró diferencias significativas en la aparición de acné entre quienes se duchaban en la primera hora y quienes esperaban cuatro. Lo que emerge no es una invitación al descuido, sino una invitación a la matiz: la piel, como casi todo en biología, responde menos a los relojes que a la suma de hábitos, contextos y predisposiciones individuales.