En una sola semana de julio de 2026, dos sondas espaciales —la china Tianwen 2 y la japonesa Hayabusa 2— visitaron asteroides que ningún instrumento humano había explorado antes, ampliando en dos el reducido catálogo de cuerpos menores conocidos de cerca. Lo que podría parecer un hito rutinario en la era espacial es, en realidad, un recordatorio de que la humanidad sigue extendiendo sus sentidos hacia rincones del sistema solar donde se guardan respuestas sobre nuestros orígenes. Estas misiones no solo satisfacen la curiosidad científica: perfeccionan las herramientas con las que, algún día, p