En los laboratorios del noroeste de China, científicos han dado forma a un dispositivo que desafía la lógica del consumo y el reemplazo: una batería nuclear que se alimenta del lento susurro del carbono-14 y promete entregar energía durante más de cinco mil años. La Qianjiyuan Tianshu, desarrollada sin componentes importados, no aspira a cargar teléfonos ni automóviles, sino a acompañar silenciosamente a implantes médicos, sondas oceánicas y satélites en los lugares donde ninguna mano humana puede llegar a cambiar una batería. Es un recordatorio de que el progreso tecnológico no siempre avanza