Desde los telescopios espaciales hasta las carrocerías de lujo, la humanidad lleva décadas persiguiendo el negro absoluto como si en él residiera alguna verdad sobre la elegancia y el poder. Investigadores de Shanghái han logrado lo que parecía industrialmente imposible: una pintura ultranegra pulverizable, basada en nanotubos de carbono, capaz de absorber el 99,9% de la luz visible. Pero la física, que cedió ante la percepción para crear este material, exige su precio: un vehículo que desaparece ante los ojos humanos y ante los sensores que guardan vidas en las carreteras modernas.