En las costas de Cantón, mientras el tifón Noul avanzaba con vientos de 45 metros por segundo, un equipo de investigadores chinos desplegó algo que la meteorología nunca había visto: un enjambre coordinado de drones que penetró el interior de la tormenta para medir lo que los satélites y radares jamás han podido ver. Es un momento que recuerda que las grandes brechas del conocimiento humano no siempre están en el espacio exterior, sino a veces justo debajo de las nubes. La promesa no es solo científica, sino profundamente humana: ofrecer a las comunidades costeras más vulnerables del mundo una