China entrena robots mientras crece el miedo a la sustitución masiva de empleos

Potencial desplazamiento de aproximadamente 320 millones de trabajadores en sectores como logística y transporte; trabajadores participan involuntariamente en programas de captura de datos para entrenar robots.
El verdadero desafío no será fabricar robots, sino encontrar un lugar para quienes sean reemplazados
La pregunta central que enfrenta China mientras acelera su revolución robótica con 1.400 millones de habitantes.

JD.com reconoce que los repartidores serán sustituidos por robots, aunque entrena trabajadores en nuevas ocupaciones como mantenimiento de máquinas. Aproximadamente 320 millones de personas trabajan en sectores amenazados por automatización; tribunales chinos comienzan a proteger derechos laborales contra despidos por IA.

  • JD.com emplea 700.000 repartidores y reconoce que serán sustituidos por robots
  • Aproximadamente 320 millones de personas trabajan en sectores amenazados por automatización
  • Tribunales chinos han fallado a favor de trabajadores despedidos por reemplazo de IA
  • Wuhan es el mayor laboratorio mundial de robotaxis con vehículos de Apollo Go circulando sin intervención humana
  • JD.com recopila millones de horas de datos de movimientos humanos en Suqian para entrenar robots

China impulsa agresivamente la robótica y la IA para transformar sectores como logística y transporte, pero enfrenta creciente preocupación social sobre el desplazamiento de millones de trabajadores en un contexto de desaceleración económica.

Richard Liu, fundador de JD.com, pronunció una frase que resonaría en toda China: "Tarde o temprano llegará el día en que los repartidores ya no sean necesarios". Lo dijo ante empresarios reunidos en Shenzhen hace pocas semanas, y aunque pretendía sonar como una observación técnica inevitable, la advertencia era imposible de ignorar. Si uno de los gigantes del comercio electrónico chino asume públicamente que sus 700.000 mensajeros serán reemplazados por máquinas, muchos trabajadores chinos comenzaron a preguntarse quién sería el siguiente.

La compañía ya colabora con alrededor de 120 escuelas para reconvertir a esos empleados hacia nuevas ocupaciones: mantenimiento y reparación de robots. El mensaje intentaba ser tranquilizador. Pero la realidad subyacente era más inquietante. China atraviesa una desaceleración económica prolongada, el desempleo juvenil permanece elevado y el mercado laboral se ha vuelto cada vez más precario. Según estimaciones de centros de investigación chinos, aproximadamente 320 millones de personas trabajan en sectores amenazados a corto plazo por la automatización: repartidores, taxistas, trabajadores de almacenes. Para esos millones, la promesa de reconversión laboral suena lejana.

Mientras Estados Unidos libra su batalla por la supremacía en inteligencia artificial mediante modelos lingüísticos y chips avanzados, Pekín persigue un objetivo distinto: llevar esa inteligencia al mundo físico. Los algoritmos deben abandonar las pantallas y convertirse en brazos mecánicos, vehículos autónomos y robots humanoides capaces de transformar fábricas, almacenes, hospitales y hogares. La robótica ocupa un lugar central en el nuevo plan quinquenal chino. Para las autoridades, representa la siguiente fase del desarrollo industrial y una herramienta indispensable para compensar el envejecimiento de la población. Pero mientras el Gobierno impulsa agresivamente la automatización, los tribunales están comenzando a establecer límites.

En mayo, un tribunal de Hangzhou dictaminó que una empresa tecnológica había despedido ilegalmente a un empleado después de reemplazar sus funciones de control de calidad con un sistema de inteligencia artificial. La compañía le ofreció un puesto alternativo con reducción salarial. Cuando rechazó, fue despedido. Los jueces fallaron a su favor, señalando en una declaración poco habitual que "el desarrollo de la inteligencia artificial debe servir para liberar trabajo y mejorar el bienestar de las personas, no para erosionar sus derechos". Este no fue un caso aislado. En los últimos meses, varios tribunales chinos han respaldado a trabajadores desplazados por la IA, estableciendo que sustituir empleados por algoritmos constituye una decisión empresarial orientada a reducir costes, pero no una justificación automática para despedir personal.

El equilibrio entre la revolución robótica y la estabilidad social se puede medir especialmente en Wuhan, que se ha convertido en el mayor laboratorio mundial de robotaxis. Los vehículos autónomos de Apollo Go, la filial de conducción sin conductor de Baidu, forman ya parte del paisaje urbano. Coches sin conductor circulan por avenidas abarrotadas, recogen pasajeros y completan trayectos enteros sin intervención humana. Pero detrás del escaparate tecnológico, los taxistas han organizado protestas denunciando que los vehículos autónomos están reduciendo sus ingresos. Este episodio ilustra el dilema chino: el país quiere convertirse en líder mundial de la movilidad autónoma, pero las autoridades temen que una sustitución demasiado rápida de empleos provoque inestabilidad social.

La automatización avanza también en un terreno menos visible pero igualmente importante: el entrenamiento de robots. Uno de los mayores cuellos de botella de la industria mundial es la escasez de datos. Los robots necesitan observar millones de movimientos humanos antes de aprender tareas aparentemente sencillas como doblar una camiseta, colocar objetos en una estantería o recoger fruta. China está intentando resolver ese problema a una escala difícil de imaginar en otros países. En Suqian, la ciudad natal de Richard Liu, JD.com colabora con las autoridades locales para recopilar millones de horas de datos destinados al entrenamiento de robots. Residentes, trabajadores agrícolas y empleados de centros asistenciales utilizan cámaras instaladas en la cabeza que registran cada movimiento de sus manos. El objetivo es construir enormes bases de datos que permitan a las máquinas aprender cómo interactúan los humanos con el mundo físico.

Esta iniciativa forma parte de una estrategia mucho más amplia. Empresas tecnológicas y fabricantes están desplegando sensores, cámaras corporales y dispositivos de captura de movimiento en fábricas, almacenes y hogares. Miles de trabajadores participan involuntariamente en lo que podría describirse como el mayor programa de aprendizaje robótico del planeta. Desde la perspectiva de Pekín, el cálculo es sencillo: el país necesita aumentar la productividad, mantener su ventaja manufacturera y prepararse para una sociedad cada vez más envejecida. Los robots aparecen como la solución perfecta. Pero la pregunta que recorre hoy China no es tecnológica, sino social. Nadie duda ya de que los robots terminarán repartiendo paquetes, conduciendo taxis o realizando tareas administrativas. La incertidumbre gira en torno a qué ocurrirá con las personas que hoy viven de esos empleos. Por eso las palabras de Richard Liu resonaron mucho más allá del sector logístico: fueron una advertencia sobre el futuro que China está construyendo, donde el verdadero desafío para un país de más de 1.400 millones de personas no será fabricar más robots, sino encontrar un lugar para quienes acaben siendo reemplazados por ellos.

El desarrollo de la inteligencia artificial debe servir para liberar trabajo y mejorar el bienestar de las personas, no para erosionar sus derechos
— Tribunal de Hangzhou, sentencia de mayo de 2026
Tarde o temprano llegará el día en que los repartidores ya no sean necesarios
— Richard Liu, fundador y presidente de JD.com
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué Liu decidió hacer esa declaración tan explícita sobre el fin de los repartidores? Parece arriesgado.

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Probablemente porque ya es inevitable. JD.com ya está invirtiendo en la reconversión de esos trabajadores. Hacer la declaración públicamente es una forma de normalizar lo que viene, de decir: esto no es un secreto, es el futuro.

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Pero 320 millones de personas en sectores amenazados es una cifra enorme. ¿Cómo gestiona un país eso?

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Esa es exactamente la pregunta que China no ha respondido todavía. Los tribunales están empezando a poner límites legales, pero eso es defensa, no solución. La verdadera pregunta es qué hace con esos millones cuando las máquinas aprendan a hacer el trabajo.

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¿Y el programa de captura de datos en Suqian? ¿Eso es voluntario?

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Formalmente, participan trabajadores agrícolas y empleados de centros asistenciales. Pero "participan" es una palabra generosa cuando el Estado y las grandes empresas están recopilando tus movimientos sin que realmente tengas opción de negarte.

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Entonces China está usando a sus propios trabajadores para entrenar a las máquinas que los van a reemplazar.

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Exactamente. Y lo hace a una escala que ningún otro país puede permitirse. Eso es lo que hace que esto sea diferente.

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