En Ceuta, ciudad fronteriza donde Europa y África se rozan, los aplausos de unos vecinos a la policía revelan algo más profundo que gratitud: revelan el agotamiento de una comunidad atrapada entre la compasión y el miedo. El CETI, concebido como espacio de tránsito y dignidad, se ha convertido en símbolo de una crisis migratoria que supera la capacidad de cualquier operativo de seguridad. Lo que piden los ceutíes no es represión, sino aquello que toda ciudad necesita para existir: la sensación de que el orden cotidiano es posible.
Ceutíes aplauden a la Policía Nacional tras intervención en el CETI
Múltiples personas migrantes permanecen en la calle sin acceso a espacios en el centro de acogida, generando situaciones de vulnerabilidad y tensión social.