Estamos perdiendo una generación de científicos y tardaremos varias generaciones en recuperarnos
Durante seis décadas, Carl Wunsch ha dedicado su vida a descifrar la maquinaria invisible que gobierna el clima terrestre: las corrientes profundas y el calor almacenado en los océanos. Galardonado en Bilbao con el Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA, este oceanógrafo del MIT advierte que la politización de la ciencia en Estados Unidos está destruyendo décadas de observación oceánica y desalentando a una generación entera de investigadores. Su mensaje es tan antiguo como urgente: lo que no se mide, no se puede comprender, y lo que no se comprende, no se puede proteger.
- La administración Trump está desmantelando activamente los sistemas de observación oceánica que tardaron décadas en construirse, dejando sin financiación a investigadores en plena actividad.
- Wunsch alerta de que se está perdiendo una generación completa de científicos climáticos, y que recuperarse de ese vacío llevará varias generaciones más.
- Incluso si las emisiones de CO2 cesaran hoy, el planeta seguirá calentándose durante décadas o siglos, porque los océanos responden con una lentitud que desafía la percepción humana del tiempo.
- La brecha entre quienes construyen modelos climáticos y quienes realizan observaciones reales debilita la ciencia: Wunsch pide a los jóvenes investigadores que aprendan a habitar ambos mundos.
- Regiones enteras del océano, especialmente en el hemisferio sur, permanecen insuficientemente observadas, y los fenómenos que no se registran en su momento se pierden para siempre.
Carl Wunsch recibió en Bilbao el XVIII Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en la categoría de Cambio Climático, reconocimiento a seis décadas revelando lo que casi nadie ve: las corrientes profundas, el calor almacenado bajo una superficie aparentemente tranquila. Nacido en Brooklyn en 1941, este oceanógrafo del MIT impulsó una revolución científica que combinó matemáticas, física y tecnología espacial para demostrar que bajo los océanos circula una maquinaria gigantesca que regula el clima de todo el planeta.
Pero cuando habla del presente, la preocupación domina su voz. En Estados Unidos, dice, la situación es un desastre. La administración Trump está desmantelando el sistema de observación oceánica construido durante décadas, investigadores pierden financiación y resulta difícil animar a los jóvenes hacia la ciencia del clima. El conflicto, advierte, no es científico sino político y psicológico: el mismo que enfrentó Galileo cuando desafió las certezas de su época.
Sobre el futuro, Wunsch no ofrece consuelo fácil. Hay tanto exceso de CO2 acumulado que habrá cambios graves incluso si las emisiones pararan hoy. Los océanos reaccionan muchísimo más lentamente que la atmósfera, y algunas masas de agua profunda tardan siglos en renovarse. El sistema podría tardar cientos de años en alcanzar un nuevo equilibrio, con deshielo y calentamiento continuados durante décadas.
Para los jóvenes científicos, su consejo es preciso: aprender a moverse entre quienes construyen grandes modelos climáticos y quienes realizan observaciones reales, porque ambas comunidades rara vez se entienden bien. Hay muy pocos investigadores capaces de habitar los dos mundos a la vez, y esa carencia debilita toda la disciplina.
Wunsch llegó a los océanos casi por azar, atraído por un oceanógrafo carismático que medía el mar con papel y lápiz. Décadas después, su mayor inquietud es lo que no se está midiendo: partes del hemisferio sur apenas observadas, fenómenos que ocurren entre medición y medición y que, una vez pasados, se pierden para siempre. Sus sucesores, teme, preguntarán algún día por qué no se registró aquello. Y no habrá respuesta.
Carl Wunsch recibió en Bilbao el XVIII Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en la categoría de Cambio Climático, un reconocimiento a seis décadas dedicadas a revelar lo que la mayoría de las personas nunca ve: las corrientes profundas, la circulación oceánica, el calor almacenado bajo una superficie que parece tranquila. Nacido en Brooklyn en 1941, Wunsch es considerado uno de los padres de la oceanografía física moderna. Desde el Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde desarrolló la mayor parte de su carrera, impulsó una revolución científica que transformó la forma de observar los océanos mediante una combinación de matemáticas, física y tecnología espacial. Sus investigaciones demostraron que bajo esa superficie aparentemente tranquila circula una maquinaria gigantesca que almacena calor, redistribuye energía por todo el planeta y ayuda a determinar el clima de la Tierra.
Pero cuando Wunsch habla del estado actual de su disciplina, la preocupación es evidente. En Estados Unidos, dice, la situación es un desastre. Estamos perdiendo una generación de científicos y tardaremos varias generaciones en recuperarnos de esto. El problema no es científico, sino político y psicológico. Muchas personas ven el cambio climático como una amenaza a su estilo de vida, especialmente quienes trabajan en sectores como el petrolífero. Otros simplemente desconfían de la ciencia, utilizando su capacidad inherente de autocorregirse como excusa para rechazarla por completo. Es el mismo conflicto que enfrentó Galileo cuando sugirió que el sol no giraba alrededor de la Tierra. A pequeña escala, eso es lo que está sucediendo ahora.
La consecuencia práctica es devastadora. La administración Trump está socavando la ciencia en casi todos los ámbitos, y particularmente está desmantelando el sistema de observación oceánica que tardó décadas en construirse. Hay personas haciendo cosas interesantes que han perdido financiación. No es fácil ahora animar a los jóvenes hacia la ciencia del clima. Una de las prioridades fundamentales en este campo es tener registros mundiales que sobrevivan a nuestra vida humana. Cuando destruyes estos registros es casi imposible saber qué ha pasado. Se produce mucha incertidumbre. Los sucesores de Wunsch tendrán que reconstruir los sistemas y encontrar cierto sentido sin las observaciones que van a faltar.
Sobre la comprensión pública del fenómeno, Wunsch es honesto: la mayoría de la superficie de la Tierra es agua y los humanos no tienen una comprensión intuitiva sobre ello. El flujo de los océanos a gran escala está controlado por la rotación de la Tierra, algo que casi nadie entiende de forma instintiva. Personas como él han pasado décadas intentando desarrollar esa intuición, y en parte es contraintuitivo. Cuando se le pregunta qué pasaría si dejáramos de emitir gases de efecto invernadero ahora mismo, Wunsch ofrece una respuesta que revela la complejidad del sistema. Hay tanto exceso de CO2 que habrá cambios graves incluso si las emisiones pararan hoy. El sistema tardará cientos de años en volver a lo que se llama equilibrio. Probablemente la Tierra seguirá calentándose, habrá más deshielo, y esto puede durar 30, 100 o 150 años. No estamos seguros. Los océanos reaccionan muy lentamente, muchísimo más despacio que la atmósfera. Algunas masas de agua profunda tardan siglos en renovarse, de modo que todavía pueden estar respondiendo a cambios climáticos ocurridos hace cientos de años.
Para los jóvenes científicos que hoy enfrentan esta carrera, Wunsch tiene un consejo específico. Le preocupan dos comunidades: quienes desarrollan los grandes modelos climáticos y quienes realizan mediciones y observaciones. El problema es que ambas no siempre se entienden bien. Los modelizadores suelen conocer poco la complejidad de los datos reales, mientras que quienes trabajan con observaciones a menudo tienen dificultades para comprender las fortalezas, limitaciones e incertidumbres de los modelos. Si tuviera que aconsejar a un estudiante brillante, le diría: ponte en medio. Aprende de ambos mundos. Hay muy pocos científicos que se sientan cómodos en los dos campos a la vez, y eso refleja una cierta carencia del sistema educativo. No se han formado suficientes investigadores capaces de moverse entre ambas disciplinas.
Wunsch no pensaba que acabaría estudiando los océanos. Estudiaba geofísica, sismología, geomagnetismos, pero conoció a un oceanógrafo carismático que hacía sus propias mediciones con papel y lápiz, y encontró fascinante el trabajo en el mar. Su fortaleza estaba en el campo matemático, así que tomaba mediciones en el mar y volvía a su oficina para confirmar lo que había en sus modelos. En los años 70 u 80 quedó claro que el cambio climático global era algo muy grave, y pusieron en marcha un sistema de observación. Lo que le preocupa ahora es que hay partes del océano que todavía no han sido lo suficientemente observadas, especialmente en el hemisferio sur. En el norte, el océano tiene de media 4.000 metros de profundidad, y en la superficie hay problemas porque es turbulenta y cambia todo el tiempo de formas aleatorias. Su preocupación es que sus sucesores vayan a decir, ¿y por qué no medisteis esto? Porque una vez pasó el fenómeno, pasó, y la mayoría de los sistemas de observación miden cada diez días. ¿Es suficiente? No lo sabe, y es muy consciente de lo que no están midiendo.
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Si vamos a hablar de cambio climático ya nos podemos preparar para recibir un montón de insultos en redes sociales— Carl Wunsch
El problema es que muchas personas lo ven como una amenaza a su estilo de vida— Carl Wunsch
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué cree que la ciencia climática se ha convertido en algo tan polarizado cuando antes no lo era?
No es realmente nuevo. Galileo enfrentó lo mismo. Pero ahora es más rápido, más ruidoso. La gente tiene miedo. Si trabajas en petróleo, el cambio climático es una amenaza existencial a tu forma de vida. Eso es psicología pura.
Pero usted es un científico. ¿No debería la evidencia hablar por sí sola?
La ciencia habla. El problema es que la gente no quiere escuchar. Y luego está el hecho de que la ciencia se equivoca a veces, se autocorrige. Algunos usan eso como excusa para decir que no sabemos nada.
Dice que estamos perdiendo una generación de científicos. ¿Qué significa eso en la práctica?
Significa que los jóvenes brillantes no quieren estudiar clima porque es un campo de batalla. Significa que proyectos que tardaron décadas en construirse se están desmantelando. Significa que cuando mis sucesores quieran entender qué pasó, no tendrán los datos.
¿Y si simplemente esperamos a que esto pase? ¿A que la política cambie?
No podemos esperar. Los océanos no esperan. Algunos cambios durarán cientos de años. Y mientras tanto, estamos perdiendo las herramientas para observar lo que está sucediendo.
¿Cuál es el error más grande que cometemos al pensar en el cambio climático?
Creer que lo entendemos intuitivamente. La mayoría de la Tierra es agua. Los océanos son controlados por la rotación del planeta. Casi nadie entiende eso instintivamente. Pasé 60 años intentando desarrollar esa intuición.
¿Hay esperanza?
Siempre la hay. Pero necesitamos que los jóvenes se dediquen a esto. Y necesitamos que dejen de destruir los sistemas que nos permiten observar lo que está pasando.