No existe cantidad segura de alcohol para la salud
Durante décadas, la cultura occidental ha sostenido que una copa de vino diaria era un gesto de cuidado hacia el corazón. El cardiólogo Aurelio Rojas desmonta esta creencia con evidencia clínica: el alcohol no protege contra el infarto, eleva la presión arterial, favorece las arritmias y se vincula a siete tipos de cáncer. La Organización Mundial de la Salud respalda su postura al confirmar que no existe ninguna cantidad segura de alcohol, recordándonos que algunas tradiciones culturales, por muy arraigadas que estén, no resisten el escrutinio de la ciencia.
- Una convicción repetida durante décadas en sobremesas y estudios antiguos se enfrenta ahora a un desmentido claro y documentado.
- El alcohol eleva la presión arterial, desencadena arritmias, favorece la resistencia a la insulina y está vinculado a 2,6 millones de muertes anuales en todo el mundo.
- El argumento del resveratrol —el antioxidante 'protector' del vino— se derrumba: habría que beber más de cien botellas al día para obtener una dosis mínimamente relevante.
- La OMS confirma la posición del cardiólogo: ninguna cantidad de alcohol es segura, y su consumo se asocia a al menos siete tipos de cáncer.
- Rojas no impone abstinencia total, pero traza un límite preciso: máximo una copa esporádica en mujeres o dos en hombres, y nunca como hábito diario.
- El mensaje final es firme: beber con moderación ocasional puede tolerarse, pero no puede llamarse saludable; el vino no es medicina.
Existe una creencia profundamente enraizada en la cultura occidental: que una copa de vino al día protege el corazón y alarga la vida. Es una idea respaldada por estudios antiguos y repetida en innumerables conversaciones. El cardiólogo Aurelio Rojas ha decidido desafiarla sin rodeos.
En un vídeo publicado en Instagram, Rojas responde una a una las preguntas más comunes sobre el vino. La primera y más contundente: ¿es bueno para el corazón? Su respuesta es un no rotundo. Aunque el alcohol puede elevar ligeramente el colesterol HDL, ese pequeño efecto no compensa los daños que provoca: aumento de la presión arterial, arritmias cardíacas, elevación de la glucosa en sangre y mayor riesgo de cáncer. Tampoco mejora el sueño ni reduce el estrés, como suele argumentarse.
Uno de los mitos más persistentes es el del resveratrol, el antioxidante presente en el vino. Rojas lo desmonta con una cifra reveladora: para obtener una dosis realmente beneficiosa de ese compuesto, habría que consumir más de cien botellas al día. Su presencia en una copa normal es, sencillamente, irrelevante.
La Organización Mundial de la Salud respalda esta postura: no existe cantidad segura de alcohol. Su consumo está vinculado a al menos siete tipos de cáncer y a aproximadamente 2,6 millones de muertes anuales en el mundo. En el plano cardiovascular, aumenta la incidencia de hipertensión, fibrilación auricular, insuficiencia cardíaca e ictus hemorrágico.
Rojas no aboga por la abstinencia absoluta. Reconoce que el consumo ocasional no está prohibido, y establece un límite: máximo una copa en mujeres o dos en hombres, de forma esporádica y nunca como hábito. Su conclusión es clara: si se elige beber, que sea poco y raramente, pero eso no convierte al vino en una práctica saludable. El vino, concluye, no es medicina.
Existe una creencia muy arraigada en la cultura occidental: que una copa de vino al día protege el corazón y contribuye a una vida más larga. Es una idea que ha perdurado durante décadas, respaldada por estudios antiguos y repetida en conversaciones de sobremesa. Pero el cardiólogo Aurelio Rojas, especialista que comparte regularmente contenido sobre salud en redes sociales, ha decidido desmontar esta convicción de manera directa y sin ambigüedades.
En un vídeo reciente publicado en Instagram, Rojas aborda la cuestión con su formato habitual: una serie de preguntas sobre el vino y sus efectos en el organismo, respondidas una a una por el experto. La primera es la más contundente: «¿Es bueno para el corazón?» Su respuesta es un no rotundo. El vino, explica, no protege contra el infarto ni prolonga la vida. Aunque reconoce que puede elevar ligeramente el colesterol HDL —el llamado colesterol bueno—, subraya que este pequeño beneficio no justifica el daño que causa en otras áreas del cuerpo.
Los efectos negativos que enumera son sustanciales. El alcohol aumenta la presión arterial, puede desencadenar arritmias cardíacas y eleva el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer. Tampoco cumple con dos de los argumentos más comunes que se esgrimen para su consumo: no mejora la calidad del sueño ni reduce el estrés. De hecho, puede elevar los niveles de glucosa en sangre y favorecer la resistencia a la insulina, dos factores que alimentan problemas metabólicos.
Rojas también aborda uno de los mitos más persistentes: el supuesto poder antioxidante del vino gracias al resveratrol y otros polifenoles. Estos compuestos existen en la bebida, es cierto, pero en cantidades minúsculas. Para obtener una dosis realmente beneficiosa de estos antioxidantes, señala el cardiólogo, habría que consumir más de cien botellas de vino al día, una cifra que subraya lo irrelevante de su presencia en una copa normal.
La Organización Mundial de la Salud respalda la posición de Rojas: no existe una cantidad segura de alcohol para la salud. El consumo de bebidas alcohólicas está vinculado a al menos siete tipos de cáncer —mama, colon, hígado, esófago, boca, garganta y laringe—, y a nivel mundial se asocia con aproximadamente 2,6 millones de muertes anuales. En el ámbito específicamente cardiovascular, el alcohol aumenta la incidencia de hipertensión, fibrilación auricular, insuficiencia cardíaca e ictus hemorrágico.
Ahora bien, Rojas no propone una prohibición absoluta. Reconoce que el consumo ocasional no está vedado, pero establece límites claros: máximo una copa de cien mililitros en mujeres o dos en hombres, y siempre de manera esporádica, nunca como hábito diario. Su conclusión es matizada pero firme: si se elige beber, que sea en pequeñas cantidades y raramente, pero eso no puede etiquetarse como una práctica saludable. El vino, en otras palabras, no es medicina.
Citas Notables
Esta pequeña subida de colesterol bueno no compensa el daño que produce en otras partes de tu cuerpo— Aurelio Rojas, cardiólogo
Para obtener una dosis beneficiosa de antioxidantes tendrías que beber más de 100 botellas al día— Aurelio Rojas, cardiólogo
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué crees que este mito del vino y el corazón ha perdurado tanto tiempo?
Porque algunos estudios antiguos sugirieron un efecto protector, y la idea se popularizó sin que se cuestionara después. Además, la gente quería creerlo.
Pero el cardiólogo dice que el colesterol HDL sí sube un poco. ¿No es eso algo positivo?
En teoría sí, pero es tan pequeño el aumento que queda completamente eclipsado por los daños que causa en otras partes: la presión arterial, el riesgo de cáncer, los problemas metabólicos.
¿Y qué hay de los antioxidantes del vino? ¿No son reales?
Son reales, pero están en cantidades tan mínimas que necesitarías beber más de cien botellas diarias para obtener un beneficio real. Es casi una broma de la naturaleza.
Entonces, ¿nunca es seguro beber?
La OMS es clara: no existe cantidad segura. Pero Rojas reconoce que beber ocasionalmente no está prohibido. Lo que no puede hacerse es llamarlo saludable.
¿Cuál es el mensaje más importante aquí?
Que dejemos de justificar el consumo de alcohol con argumentos de salud. Si alguien bebe, que sea por placer, no por medicina.