En el umbral entre el día y el sueño, el cardiólogo Aurelio Rojas nos recuerda que no toda elección saludable lo es en cualquier momento: ciertas frutas nocturnas —banana, uvas, mango, ananá— alteran la arquitectura del descanso al provocar picos de glucosa que fragmentan el sueño profundo y, con el tiempo, desgastan el corazón. La sabiduría aquí no está en renunciar, sino en discernir: kiwi, arándanos y manzana ofrecen al cuerpo lo que la noche verdaderamente necesita.