En las aguas de Nueva Gales del Sur, un fotógrafo australiano fue testigo accidental de uno de los umbrales más íntimos de la naturaleza: el primer aliento de una ballena jorobada recién nacida. Alexander Forrest, con un dron en el aire y una batería recién cambiada, capturó lo que se cree es el primer registro de este tipo obtenido con tecnología aérea no tripulada. El momento —efímero, sangriento y luminoso a la vez— se convierte ahora en material científico que podría iluminar décadas de investigación sobre cómo estos gigantes del océano traen vida al mundo.