En el escenario de Yo Me Llamo, la imitación se reveló como algo más que copia: es un oficio que exige técnica, entrega y la rara capacidad de disolver el yo propio en el de otro. Los jurados Amparo Grisales, César Escola y Elder Dayán evaluaron, con mirada clínica y corazón artístico, a quienes aspiran a ingresar a la Escuela, ese umbral donde la pasión se convierte en maestría. Cada presentación fue, en esencia, una pregunta sobre identidad: ¿hasta dónde puede llegar un ser humano en el arte de convertirse en otro?