En la quietud de un barrio de Colonia Escalante, una breve ausencia bastó para que dos personas se llevaran lo ajeno. Lo que pudo quedar en el olvido de los expedientes sin resolver encontró, sin embargo, un testigo silencioso en las cámaras de seguridad: la tecnología, bien leída por quienes saben interpretarla, acortó la distancia entre el delito y la justicia. Una mujer ya enfrenta un proceso judicial; un hombre permanece prófugo, recordándonos que la resolución de los casos rara vez es completa de una sola vez.