El calor extremo cuesta a las mujeres 57 mil millones anuales en ganancias

Las mujeres sufren hasta 20% de mortalidad por consecuencias del calor extremo, con mayor riesgo de violencia de género y estrés económico en hogares.
57 mil millones de dólares anuales en ingresos que simplemente desaparecen
Las mujeres trabajadoras informales pierden esta cantidad cada año por causa del calor extremo en el mundo en desarrollo.

En Londres, durante la Semana de Acción Climática de 2026, investigadores de la organización Hera pusieron cifras a una injusticia silenciosa: el calor extremo le cuesta a las mujeres trabajadoras del mundo en desarrollo unos 57 mil millones de dólares al año en ingresos perdidos. Este no es un fenómeno neutral — golpea con mayor fuerza a quienes ya cargan con menos protecciones, menos activos y mayor vulnerabilidad fisiológica. Si el mundo no actúa, esas pérdidas crecerán un 44 por ciento para 2050, convirtiendo una crisis presente en una catástrofe anunciada.

  • El calor extremo no afecta a todos por igual: las mujeres en la economía informal pierden entre el 3 y el 11 por ciento de su productividad anual, una brecha que puede significar la diferencia entre pagar la renta o caer en deuda.
  • En ciudades como Bangkok, Ahmedabad y Freetown, hasta el 91 por ciento de las trabajadoras opera sin contratos, sin beneficios ni red de protección, expuestas de lleno al impacto económico del calor.
  • La vulnerabilidad no es solo económica: las mujeres enfrentan mayor sensibilidad fisiológica al calor, viven en viviendas que atrapan el calor y tienen acceso limitado a atención médica, lo que eleva su mortalidad hasta un 20 por ciento de las muertes relacionadas con el calor.
  • El estrés financiero se derrama sobre los hogares — menos dinero para educación, más deuda, mayor riesgo de violencia de género — creando un ciclo de precariedad que se retroalimenta.
  • Sin cambios en políticas climáticas, laborales y de protección social, los investigadores proyectan que estas pérdidas aumentarán un 44 por ciento para 2050, mientras las olas de calor se intensifican y las ciudades se vuelven más inhóspitas.

Durante la Semana de Acción Climática de 2026 en Londres, la organización Hera presentó una investigación que traduce el cambio climático en términos concretos y dolorosos: las mujeres trabajadoras del mundo en desarrollo pierden aproximadamente 57 mil millones de dólares al año debido al calor extremo. No es una cifra abstracta — es dinero que no llega a los hogares, deudas que crecen, oportunidades que se cierran.

El estudio analizó cuatro ciudades con contextos muy distintos: Ahmedabad, Bangkok, Monterrey y Freetown. En todas ellas, el patrón fue el mismo. La gran mayoría de las trabajadoras opera en la economía informal, sin protecciones laborales ni beneficios. Y es precisamente ahí donde el calor extremo hace más daño. Las pérdidas de productividad van del 3 por ciento anual en Monterrey al 11 por ciento en Bangkok — cifras que, para quien gana poco, pueden determinar si un hijo sigue en la escuela o si la familia puede pagar el alquiler.

Lo que agrava el problema es que las mujeres enfrentan el calor desde múltiples desventajas simultáneas: mayor sensibilidad fisiológica, especialmente durante el embarazo; viviendas en asentamientos informales que atrapan el calor; acceso limitado a atención médica y protección social; y un riesgo más alto de violencia de género. Todo esto se refleja en una tasa de mortalidad desproporcionada: las mujeres representan hasta el 20 por ciento de las muertes relacionadas con el calor extremo.

Sin intervención, el panorama se oscurece. Los investigadores proyectan que para 2050 estas pérdidas económicas habrán crecido un 44 por ciento, impulsadas por olas de calor más intensas, urbanización insostenible y el envejecimiento de la población. Lo que está en juego, concluye la investigación, no es solo dinero: es la capacidad de millones de mujeres para construir una vida con algo de seguridad en un mundo que se calienta sin pausa.

En Londres, durante la Semana de Acción Climática de 2026, investigadores presentaron cifras que revelan una realidad incómoda: el calor extremo está costando a las mujeres trabajadoras del mundo en desarrollo aproximadamente 57 mil millones de dólares cada año en ingresos perdidos. No se trata de una abstracción estadística. Es dinero que no llega a los hogares, oportunidades que desaparecen, familias que se endeudan más profundamente.

La organización Hera, dedicada a estudiar cómo las mujeres se adaptan al cambio climático, realizó un análisis exhaustivo en cuatro ciudades con climas y contextos muy distintos: Ahmedabad en India, Bangkok en Tailandia, Monterrey en México y Freetown en Sierra Leona. Lo que encontraron fue consistente en todas partes. En estas ciudades, hasta el 91 por ciento de las trabajadoras operan en la economía informal, sin protecciones laborales, sin beneficios, sin red de contención. Y es precisamente en este sector donde el calor extremo causa el mayor daño económico.

Las cifras varían según la ubicación. En Monterrey, las mujeres pierden aproximadamente el 3 por ciento de su productividad anual por causa del calor. En Bangkok, esa cifra salta al 11 por ciento. Estas no son variaciones menores. Para una mujer que gana poco, perder una décima parte de su capacidad de trabajo en un año significa la diferencia entre pagar la renta o no, entre enviar a un hijo a la escuela o retirarlo. El estrés financiero se filtra en los hogares como una grieta en una pared: la relación deuda-ingreso aumenta, el dinero disponible para educación y emprendimiento se reduce, la vulnerabilidad económica se profundiza.

Lo que hace que este problema sea particularmente grave es que las mujeres enfrentan el calor extremo desde una posición de desventaja múltiple. Tienen mayor sensibilidad fisiológica al calor, especialmente durante el embarazo. Ganan menos dinero que los hombres y poseen menos activos para amortizar crisis. Viven en asentamientos informales construidos con materiales que atrapan el calor, sin aire acondicionado, sin ventilación adecuada. Tienen acceso limitado a atención médica, a protección social, a condiciones de trabajo seguras. Y enfrentan un riesgo mayor de violencia de género, un factor que agrava su vulnerabilidad general.

Todo esto converge en una tasa de mortalidad desproporcionada. Las mujeres representan hasta el 20 por ciento de las muertes relacionadas con el calor extremo, una cifra que refleja no solo la exposición física sino también la falta de recursos para protegerse. Sin intervención, el panorama empeorará significativamente. Los investigadores proyectan que para 2050, si no hay cambios en las políticas climáticas, laborales y de protección social, estas pérdidas económicas aumentarán un 44 por ciento. El cambio climático seguirá intensificando las olas de calor. La urbanización insostenible seguirá concentrando a poblaciones vulnerables en ciudades cada vez más calurosas. Y el envejecimiento de la población hará que más personas sean susceptibles a los efectos del calor.

Lo que está en juego no es solo dinero abstracto. Es la capacidad de millones de mujeres para alimentar a sus familias, para mantener sus negocios pequeños funcionando, para construir algo que dure. Es la diferencia entre una vida de precariedad constante y una vida con cierto grado de seguridad. Y es un problema que, según esta investigación, el mundo está permitiendo que se agrave sin intervención.

Las mujeres están más expuestas al calor extremo, especialmente las que trabajan de manera informal, pero tienen menor protección que los hombres contra sus efectos
— Investigadores de Hera
El calor extremo amplía las desigualdades sociales y económicas que las mujeres ya enfrentan
— Especialistas del informe
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué el calor afecta más a las mujeres que a los hombres en términos económicos?

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Porque la mayoría de las mujeres en estas ciudades trabajan en la economía informal, sin protecciones. Cuando hace calor extremo, no pueden trabajar tanto, pierden ingresos directamente. Pero además, sus cuerpos son más vulnerables al calor, especialmente si están embarazadas. Y viven en casas que atrapan el calor, sin aire acondicionado.

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¿Qué significa perder el 11 por ciento de productividad en Bangkok?

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Para una vendedora callejera o una trabajadora doméstica, significa que en un año de 365 días, aproximadamente 40 días no puede trabajar al ritmo normal por el calor. O trabaja pero produce menos. Es dinero que simplemente no entra a la casa.

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¿Y si no hacen nada ahora?

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Las pérdidas se multiplican por 1.44 para 2050. Pero es peor que eso. Más mujeres morirán por calor extremo. Los hogares se endeudarán más. Los niños abandonarán la escuela porque no hay dinero. Es un ciclo que se retroalimenta.

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¿Qué tipo de intervención podría cambiar esto?

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Políticas climáticas reales que reduzcan el calor. Pero también protección laboral para trabajadoras informales, acceso a enfriamiento en los hogares, atención médica accesible, y construcción de viviendas que no atrapen el calor. No es una sola cosa. Es todo junto.

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¿Por qué nadie habla de esto?

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Porque afecta a mujeres pobres en países en desarrollo. No tienen voz política fuerte. Pero los números son claros: 57 mil millones de dólares anuales. Eso es dinero real que desaparece del mundo.

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