En las aguas internacionales del Canal de la Mancha, a menos de cien kilómetros de la costa británica, una fragata rusa realizó esta semana ejercicios con fuego real durante media hora, notificando previamente a la Armada del Reino Unido. El gesto combina la cortesía procedimental con una afirmación estratégica: Rusia entrena aquí, opera aquí y no tiene intención de retirarse de unas aguas que considera vitales. Que el episodio coincidiera con la toma de posesión del nuevo primer ministro británico añade una capa de ambigüedad a lo que, en términos estrictamente legales, fue una maniobra rutin