Durante décadas, el Festival de Brasilia del Cine Brasileño ha funcionado como espejo y memoria del audiovisual latinoamericano; esta vez, la amenaza no vino de la censura ni de la historia, sino de la ausencia silenciosa de fondos. La gobernadora Celina Leão intervino a tiempo, asignando 2,77 millones de reales para que la edición 59 del certamen pueda celebrarse en septiembre, evitando lo que habría sido la primera cancelación involuntaria en seis décadas. Hay algo revelador en que un festival que eligió el silencio como protesta ante la dictadura casi desapareciera esta vez por simple descu