En el umbral de unas elecciones presidenciales que definirán el rumbo de la mayor democracia latinoamericana, Brasil cerró sus puertas a dos altos funcionarios del Departamento de Estado estadounidense, negándoles la visa que les habría permitido reunirse con autoridades electorales en Brasilia. El gobierno de Lula da Silva no leyó la visita como un gesto diplomático ordinario, sino como una intromisión en la soberanía de un país que se prepara para elegir a su próximo presidente en octubre. Lo que comenzó como un trámite consular se convirtió en una declaración de principios: la tensión entre