En Río de Janeiro, una de las batallas más largas de la medicina moderna encuentra esta semana su foro más importante: la 26ª Conferencia Internacional sobre el Sida reúne hasta el 31 de julio a científicos, activistas y gobiernos para medir cuánto se ha ganado en cuatro décadas de lucha y cuánto podría perderse ante los recortes presupuestarios de 2025. Lo que comenzó como una sentencia de muerte se transformó en enfermedad controlable gracias a la ciencia, pero ese progreso, como toda conquista humana, exige voluntad sostenida para no retroceder.