En las salas de juntas de América Latina, un instrumento financiero antes reservado para circunstancias excepcionales ha encontrado su lugar como herramienta estratégica cotidiana. Los bonos híbridos —valores que habitan la frontera entre deuda y capital— permiten a empresas como CMPC, Nutresa y Promigas financiar proyectos de gran escala sin sacrificar su calificación crediticia ni diluir a sus accionistas. Su expansión en Chile, Colombia y Perú refleja una madurez creciente de los mercados de capitales regionales, aunque también revela la tensión entre la sofisticación financiera y la ausenc