El sector tecnológico debe evitar caídas significativas o los inversores huirán hacia efectivo
En el último día de un trimestre histórico, los mercados asiáticos cerraron con ganancias del 20%, su mejor desempeño en diecisiete años, montados sobre la fe colectiva en la inteligencia artificial y la tecnología. Al mismo tiempo, el yen japonés tocó su nivel más débil desde 1986, recordándonos que los triunfos bursátiles y las tensiones monetarias rara vez viajan solos. Lo que los inversores celebran como progreso, los hogares japoneses lo sienten como presión sobre su mesa.
- El índice MSCI Asia-Pacífico acumula un 20% de ganancias en el trimestre, el ritmo más alto en casi dos décadas, arrastrado por el fervor global hacia las acciones tecnológicas.
- El yen se hunde a 161,93 por dólar, su punto más bajo desde 1986, y la amenaza de intervención del Banco de Japón flota sobre los mercados de divisas sin que nadie sepa cuándo caerá.
- El alza del dólar encarece las importaciones japonesas de alimentos y energía, convirtiendo el éxito exportador en una carga silenciosa para las familias y en presión política para la primera ministra Takaichi.
- Los mercados globales aguardan dos catalizadores decisivos: las conversaciones entre EE.UU. e Irán en Doha sobre el estrecho de Ormuz, y los datos de empleo estadounidense del jueves que podrían dictar el rumbo de las tasas de la Reserva Federal.
El último día de operaciones del trimestre encontró a los mercados asiáticos en territorio histórico. El índice MSCI Asia-Pacífico cerró con ganancias del 20% en el período, su mejor desempeño en diecisiete años, impulsado casi enteramente por el apetito inversor hacia acciones tecnológicas. Japón y Corea del Sur lideraron el avance, siguiendo el ejemplo de Wall Street, donde los fabricantes de chips habían empujado al S&P 500 un 1,2% al alza y al Nasdaq 100 casi al doble.
Mientras las bolsas festejaban, el yen vivía un colapso silencioso. La moneda japonesa cayó hasta 161,98 por dólar en Nueva York, su nivel más débil en cuatro décadas, evocando cifras que no se veían desde 1986. La depreciación es un arma de doble filo: beneficia a los exportadores y ha contribuido a máximos históricos en las bolsas locales, pero encarece las importaciones y erosiona el poder adquisitivo de las familias. El Banco de Japón intentó frenar la caída en junio elevando su tasa al 1%, el nivel más alto desde 1995, pero el impacto fue mínimo ante la expectativa de que la Reserva Federal mantenga sus tasas elevadas.
Esta racha asiática forma parte de un fenómeno global: los mercados mundiales avanzan hacia su mejor trimestre en casi seis años, sostenidos por la apuesta en inteligencia artificial. El S&P 500 protagonizó uno de sus repuntes más rápidos del siglo, subiendo un 20% entre finales de marzo y principios de junio, algo que solo ha ocurrido tres veces desde el año 2000. Matt Maley, de Miller Tabak, celebró el movimiento pero advirtió que el sector tecnológico debe evitar caídas significativas dado su enorme peso en los índices, pues de lo contrario los inversores particulares podrían rotar hacia efectivo.
Ahora los mercados esperan dos eventos que podrían marcar el rumbo. Las conversaciones entre Estados Unidos e Irán en Doha buscan consolidar una tregua tras los ataques en el estrecho de Ormuz, con el crudo rondando los 70 dólares por barril. Y el jueves se publicarán los datos de empleo de junio en EE.UU., una cifra que decidirá si la Reserva Federal mantiene las tasas altas y, con ello, el destino de cada mercado del mundo, desde Tokio hasta Sídney.
El último día de operaciones del trimestre dejó a los mercados asiáticos en territorio histórico. El índice MSCI Asia-Pacífico, que agrupa a las principales bolsas de la región, subió 0,5% el martes por la mañana, cerrando un trimestre que ha acumulado ganancias del 20%. Es el mejor desempeño en diecisiete años, impulsado casi enteramente por el apetito de los inversores por acciones tecnológicas. Japón y Corea del Sur lideraron el avance, siguiendo el ejemplo de Wall Street, donde el lunes los fabricantes de chips habían arrastrado al S&P 500 hacia arriba un 1,2% y al Nasdaq 100 casi al doble.
Pero mientras las bolsas celebraban, la moneda japonesa sufría un colapso silencioso. El yen se depreció hasta 161,98 por dólar en las operaciones de Nueva York, alcanzando su nivel más débil en cuatro décadas. Para los operadores de divisas y los funcionarios de Tokio, la cifra evocaba 1986, un año que ahora se ha quedado atrás. A primera hora del martes, la moneda se cotizaba alrededor de 161,93 por dólar, territorio que genera inquietud genuina sobre si las autoridades japonesas intervendrán para detener la caída.
La depreciación del yen es un arma de doble filo para Japón. Ha beneficiado enormemente a los exportadores, cuyos productos se vuelven más competitivos en el extranjero, y ha contribuido a que las acciones locales alcancen máximos históricos. Pero el costo para los hogares es real: las importaciones se encarecen, desde alimentos hasta energía, presionando el poder adquisitivo de las familias. La presión política sobre la primera ministra Sanae Takaichi crece. El Banco de Japón intentó actuar el 16 de junio, elevando su tasa de interés de referencia al 1%, el nivel más alto desde 1995. El impacto fue mínimo. Los operadores simplemente esperan que la Reserva Federal estadounidense mantenga sus tasas altas durante más tiempo, lo que mantiene atractivo el dólar y débil al yen.
Esta racha de ganancias en Asia es parte de un fenómeno más amplio. Los mercados bursátiles mundiales avanzan hacia su mejor trimestre en casi seis años, impulsados por la apuesta de los inversores en inteligencia artificial y tecnología. El lunes, después de una reciente ola de ventas vinculadas a la IA, los mercados rebotaron con fuerza. El S&P 500 ha protagonizado uno de sus repuntes más rápidos del siglo: desde su mínimo del 30 de marzo hasta su máximo del 2 de junio, subió un 20%. Esto ha ocurrido solo en otras tres ocasiones desde el año 2000.
Matt Maley, analista de Miller Tabak, ve el movimiento como una noticia positiva para los alcistas. "Seguimos creyendo firmemente que la evolución del sector tecnológico seguirá siendo el principal motor del mercado bursátil", afirmó. Pero advirtió sobre un riesgo: aunque el sector tecnológico no necesita seguir ganando a un ritmo superior al resto del mercado, sí debe evitar caídas significativas debido a su peso enorme en el S&P 500. Si eso ocurre, los inversores particulares podrían comenzar a "rotar" hacia efectivo, especialmente después de haber escuchado tanto sobre burbujas durante el último año.
Los mercados ahora esperan dos eventos clave. El martes, Estados Unidos e Irán reanudarían conversaciones de paz en Doha, después de que ambas partes acordaran poner fin a una serie de ataques recíprocos en el estrecho de Ormuz. El crudo estadounidense se mantenía alrededor de 70,15 dólares por barril, anticipando el resultado. El jueves, se publicarán los datos de empleo estadounidense de junio, que podrían ofrecer pistas sobre si la Reserva Federal mantendrá las tasas de interés elevadas durante más tiempo. Esa decisión afectará no solo a Wall Street, sino a cada mercado del mundo, desde Tokio hasta Sídney.
Citas Notables
Seguimos creyendo firmemente que la evolución del sector tecnológico seguirá siendo el principal motor del mercado bursátil— Matt Maley, Miller Tabak
Si el ritmo de depreciación del yen se acelerara, los inversores esperarían que las autoridades japonesas intervinieran con compras de la divisa— Mark Cranfield, estratega de Markets Live
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué el repunte tecnológico en Asia es tan importante si el yen se está desmoronando?
Porque los inversores están viendo dos historias diferentes. La tecnología es el futuro; el yen débil es el presente incómodo. Las ganancias bursátiles son reales, pero los hogares japoneses están pagando más por todo lo que importan.
¿Qué significa que el yen alcance su nivel más bajo desde 1986?
Significa que la moneda ha perdido valor durante décadas. Pero también significa que los operadores esperan que el dólar siga siendo fuerte porque la Reserva Federal no bajará las tasas pronto. Es una apuesta sobre quién mantendrá el dinero más caro.
¿El Banco de Japón no puede simplemente subir las tasas más?
Lo intentó el 16 de junio. Subió al 1%, el nivel más alto en treinta años. Pero nadie se inmutó. Los mercados no creen que Japón pueda mantener eso si Estados Unidos mantiene las suyas más altas aún.
¿Qué pasa si el yen sigue cayendo?
Las autoridades japonesas probablemente intervendrán comprando su propia moneda para detener la caída. Eso es lo que los operadores de divisas están esperando ahora. La zona entre 164 y 165 es donde todos están mirando.
¿Es sostenible este repunte tecnológico?
Eso es la pregunta. Si el sector tecnológico cae significativamente, los inversores particulares podrían salir hacia efectivo. Nadie quiere ser el último en creer en la burbuja después de escuchar advertencias durante un año entero.