Exministro Jemio: Bolivia espera cambio radical del modelo económico del MAS

La población boliviana ha sido severamente afectada por falta de acceso a gasolina, diésel y dólares, además de incrementos de precios que han reducido su poder adquisitivo.
La población ya está experimentando un costo
Jemio señala que los ajustes económicos necesarios tendrán un precio, pero que los bolivianos ya lo están pagando con inflación y escasez.

Bolivia llega a su segunda vuelta electoral del 19 de octubre cargando el peso de dos décadas de un modelo económico que prosperó con la bonanza del gas y colapsó cuando esa bonanza se agotó. La emisión monetaria sin respaldo, el déficit fiscal sostenido y el abandono del ajuste necesario han dejado al país con una inflación de entre 20 y 30 por ciento, escasez de combustibles y un mercado paralelo de dólares que duplica el tipo de cambio oficial. Como tantas veces en la historia latinoamericana, es la población más vulnerable la que paga el precio de las decisiones que no se tomaron a tiempo.

  • Bolivia enfrenta una inflación de entre 20 y 30 por ciento, escasez crónica de gasolina y diésel, y un mercado negro de dólares que cotiza al doble del tipo oficial.
  • El gobierno del MAS continuó gastando al mismo ritmo tras el desplome de los precios del gas en 2014, financiando el déficit con emisión monetaria del Banco Central hasta agotar las reservas internacionales.
  • El desgaste económico se tradujo en castigo electoral: el MAS obtuvo un respaldo históricamente bajo en la primera vuelta, abriendo paso a una segunda vuelta entre Rodrigo Paz Pereira y Jorge 'Tuto' Quiroga.
  • Ambos candidatos prometen un giro hacia la inversión privada y la reducción del gasto público, pero el exministro Jemio advierte que el ajuste implicará costos sociales inmediatos en un país ya exhausto.
  • La población boliviana, erosionada en su poder adquisitivo y sin acceso confiable a combustibles ni divisas, espera un cambio de modelo, aunque la realidad de implementarlo será más dura que cualquier promesa de campaña.

Bolivia llega al 19 de octubre, fecha de su segunda vuelta electoral entre Rodrigo Paz Pereira y Jorge 'Tuto' Quiroga, sumida en una crisis económica que acumula dos décadas de gestión. La inflación ronda entre el 20 y el 30 por ciento, los combustibles escasean y el dólar paralelo duplica el tipo de cambio oficial. El exministro de Finanzas Luis Carlos Jemio ofrece un diagnóstico preciso de cómo Bolivia llegó hasta aquí.

Cuando Evo Morales asumió el poder en 2006, el país vivía una bonanza sin precedentes: las exportaciones de gas natural hacia Brasil y Argentina llenaban las arcas fiscales y el Estado tenía recursos para invertir y crecer. Pero en 2014, los precios internacionales se desplomaron y las reservas de gas comenzaron a agotarse. En lugar de ajustar el gasto, el gobierno continuó al mismo ritmo, financiando el déficit con crédito del Banco Central. Esa emisión monetaria sin respaldo disparó la inflación, especialmente en los últimos dos años, cuando el financiamiento monetario se convirtió en la única opción disponible.

La población ha sido la víctima más directa. Sin acceso confiable a gasolina ni diésel, con precios en alza constante y un mercado paralelo de divisas que distorsiona la economía, los bolivianos han visto erosionarse sostenidamente su poder adquisitivo. Ese agotamiento se reflejó en las urnas: el MAS recibió un respaldo notablemente bajo en la primera vuelta.

Jemio es claro sobre lo que viene: estabilizar la economía exigirá reducir el déficit, recortar el gasto y eliminar subsidios, medidas con un costo social inmediato. Pero subraya que la población ya está pagando ese precio bajo otra forma. Lo que los bolivianos reclaman es un cambio radical de modelo, uno que priorice la inversión privada sobre el aparato estatal. Los candidatos lo prometen. Cumplirlo será, inevitablemente, más áspero que la promesa.

Bolivia se prepara para un cambio de gobierno el próximo 19 de octubre, cuando los votantes elegirán entre Rodrigo Paz Pereira y Jorge 'Tuto' Quiroga en una segunda vuelta electoral. El país llega a esa cita sumido en una crisis económica profunda: la inflación oscila entre el 20 y el 30 por ciento, escasean los dólares y los combustibles, y la población enfrenta precios en alza constante. Detrás de este colapso hay dos décadas de gestión económica del Movimiento al Socialismo, primero bajo Evo Morales entre 2006 y 2019, y luego bajo Luis Arce hasta hoy.

Luis Carlos Jemio, exministro de Finanzas durante el gobierno de Carlos Mesa a principios de los años 2000, ofrece una lectura clara de cómo Bolivia llegó a este punto. Morales, explica, asumió el poder en un momento de bonanza sin precedentes para las materias primas. Las exportaciones de gas natural hacia Brasil y Argentina, facilitadas por gasoductos construidos en reformas de la década anterior, llenaban las arcas fiscales. El Estado tenía recursos para crecer, invertir, crear empleo. Pero esa ventana se cerró abruptamente en 2014, cuando los precios internacionales se desplomaron y las reservas de gas comenzaron a agotarse.

Ahí es donde el modelo mostró sus grietas. En lugar de ajustar el gasto público al nuevo nivel de ingresos, el gobierno continuó gastando al mismo ritmo. El déficit fiscal resultante fue financiado principalmente mediante crédito del Banco Central, lo que significaba emisión de dinero sin respaldo. Esa máquina de imprimir billetes disparó la inflación, especialmente en los últimos dos años, cuando las reservas internacionales del banco central se terminaron y el financiamiento monetario se volvió la única opción disponible.

La población boliviana ha sido la víctima más directa de esta dinámica. Sin acceso confiable a gasolina ni diésel, enfrentando precios que suben constantemente y una escasez crónica de dólares, los ciudadanos han experimentado una erosión sostenida de su poder adquisitivo. Un mercado paralelo de divisas ha florecido, donde el dólar se cotiza al doble del tipo de cambio oficial. Esa distorsión ha desalentado las importaciones, reducido la actividad económica y profundizado la escasez de combustibles. El desgaste acumulado se reflejó en la primera vuelta electoral, donde el MAS recibió un respaldo notablemente bajo.

Jemio, quien también ha trabajado como consultor para el Banco Mundial y la Unión Europea, es claro sobre lo que viene. Estabilizar la economía no será ni sencillo ni rápido. El próximo gobierno deberá reducir el déficit fiscal, recortar el gasto público y disminuir los subsidios, medidas que tendrán un costo social inmediato. Pero, subraya, la población ya está pagando un precio: el de la inflación galopante, la escasez de combustibles, el dólar paralelo. Lo que los bolivianos esperan ahora es un cambio radical del modelo que ha dominado durante veinte años, uno en el que el Estado sea el motor principal de la economía. Quieren ver prioridad en la inversión privada, dinamismo económico impulsado desde el sector privado, no desde el aparato estatal. Ese cambio de dirección es lo que los candidatos de la segunda vuelta prometen, aunque la realidad de implementarlo será mucho más áspera que la promesa.

Hemos vivido en los últimos años con un discurso en que es el Estado el que tiene que generar empleo, es el Estado el que tiene que invertir en la economía
— Luis Carlos Jemio, exministro de Finanzas de Bolivia
La población ya está experimentando un costo. Es el hecho de que hayan aumentado los precios. Ha surgido un mercado paralelo del dólar
— Luis Carlos Jemio
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué Bolivia no simplemente detuvo el gasto cuando vio que los precios del gas caían en 2014?

Model

Porque el modelo político estaba construido sobre la promesa de que el Estado crecería indefinidamente. Morales había ganado legitimidad distribuyendo recursos. Frenar en seco habría significado admitir que la bonanza terminó, y eso es políticamente muy difícil.

Inventor

Entonces la emisión monetaria fue una forma de patear el problema hacia adelante.

Model

Exactamente. En lugar de hacer ajustes impopulares inmediatamente, el gobierno financió el gasto con dinero del Banco Central. Funcionó durante un tiempo, pero eventualmente el banco se quedó sin reservas internacionales y la inflación se disparó.

Inventor

¿Qué significa eso para la gente común en La Paz o El Alto?

Model

Significa que tu salario no alcanza para lo mismo que hace dos años. La gasolina desaparece de las estaciones. Si necesitas dólares, tienes que pagar el doble en el mercado negro. Es una erosión lenta pero constante del nivel de vida.

Inventor

¿Y el nuevo gobierno puede revertir esto rápidamente?

Model

No. Jemio es muy claro en eso. Cualquier estabilización requiere medidas duras: menos gasto público, menos subsidios. Eso duele en el corto plazo, aunque sea lo correcto a largo plazo.

Inventor

¿Entonces los bolivianos votarán por alguien que les promete dolor?

Model

Votarán por alguien que les promete un cambio de dirección. Ya están experimentando dolor. Lo que quieren es que ese dolor tenga un propósito, que lleve a algo diferente.

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