Birmania supera los 2.700 muertos por terremoto de magnitud 7,7

Más de 2.700 muertos confirmados, 4.000 heridos, 270 desaparecidos, y decenas de obreros atrapados en un rascacielos colapsado en Bangkok; miles viven a la intemperie con miedo a réplicas.
Edificios inclinados junto a mi casa pueden colapsar en cualquier momento
Un relojero de Mandalay describe el miedo que vive la ciudad tras el terremoto de magnitud 7,7.

En el cruce entre la violencia humana y la furia de la tierra, Birmania recibe un golpe doble: un terremoto de magnitud 7,7 que ha segado más de 2.700 vidas se suma a cuatro años de guerra civil que ya habían desplazado a millones. Mandalay, ciudad de casi dos millones de almas, duerme a la intemperie mientras el olor a muerte comienza a impregnar sus calles. En este momento de fractura total, incluso la junta militar —que tomó el poder por la fuerza— ha tenido que tender la mano al mundo, recordándonos que hay catástrofes ante las cuales ningún poder humano puede mantenerse solo.

  • Un sismo de baja profundidad y magnitud 7,7 destruyó edificios desde Mandalay hasta Bangkok, donde un rascacielos en construcción colapsó dejando decenas de obreros atrapados.
  • Con más de 2.700 muertos confirmados, 4.000 heridos y cientos de aldeas aún incomunicadas, las cifras oficiales siguen siendo un piso, no un techo.
  • Miles de personas llevan cuatro noches durmiendo al aire libre, paralizadas por el miedo a las réplicas, mientras hospitales evacuados atienden pacientes en estacionamientos bajo lonas improvisadas.
  • El desastre golpea a un país ya en colapso humanitario: 3,5 millones de desplazados por la guerra civil ahora se suman a nuevas oleadas de personas sin hogar con riesgo de hambruna.
  • China, Rusia, India y Estados Unidos enviaron equipos de rescate tras un llamado inusual de la junta militar, pero los bombardeos contra grupos armados rivales continuaron incluso en medio de la tragedia.

El viernes, un terremoto de magnitud 7,7 sacudió Birmania con una fuerza que se sintió a mil kilómetros de distancia. Cuatro días después, la televisión estatal china confirmaba 2.719 muertos, una cifra destinada a crecer conforme los equipos de rescate alcancen pueblos completamente aislados. En Bangkok, el mismo temblor derribó un rascacielos de treinta plantas en construcción, dejando decenas de obreros atrapados y diecinueve muertos en suelo tailandés.

Mandalay, la segunda ciudad del país, fue golpeada con especial dureza. Edificios enteros se desmoronaron y cientos de residentes pasaron la cuarta noche consecutiva durmiendo al aire libre. Un relojero local describía cómo estructuras de seis o siete plantas se inclinaban peligrosamente junto a su casa. El hospital general de la ciudad evacuó a sus pacientes al estacionamiento, donde permanecían en camillas bajo lonas delgadas. En algunas zonas ya comenzaba a percibirse el olor a putrefacción, y un crematorio en las afueras recibía cuerpos sin pausa.

Lo que convierte esta catástrofe en algo singular es el contexto que la rodea. Birmania lleva cuatro años en guerra civil desde el golpe militar de 2021 contra Aung San Suu Kyi. Al menos 3,5 millones de sus 50 millones de habitantes ya habían sido desplazados por el conflicto, muchos al borde de la hambruna. El terremoto sumó miles más a esa cifra.

La junta decretó una semana de luto nacional y ordenó un minuto de silencio a las 12:51, la hora exacta del sismo. Más revelador aún fue su llamado a la ayuda internacional, un gesto inusual que rompió con la tradición de rechazo a la asistencia exterior. China, Rusia, India y Estados Unidos respondieron con equipos de rescate. La enviada especial de la ONU pidió el cese de hostilidades para proteger a los civiles. Sin embargo, los reportes confirmaban que los militares continuaban bombardeando a grupos armados rivales incluso mientras el país intentaba sobrevivir a su peor catástrofe natural en años.

El viernes pasado, un terremoto de magnitud 7,7 sacudió Birmania con una fuerza que se sintió a mil kilómetros de distancia. Cuatro días después, la televisión china central confirmaba que la cifra de muertos había alcanzado los 2.719, una cifra que probablemente seguirá creciendo conforme los equipos de rescate lleguen a pueblos y aldeas que quedaron completamente aislados por el sismo. En Tailandia, el mismo temblor derribó un rascacielos de treinta plantas en construcción en Bangkok, dejando decenas de obreros atrapados entre los escombros. Diecinueve personas murieron en el país vecino.

Mandalay, la segunda ciudad más grande de Birmania con más de 1,7 millones de habitantes, fue golpeada con particular dureza por su proximidad al epicentro. Edificios enteros se desmoronaron. Cientos de residentes pasaron la cuarta noche consecutiva durmiendo al aire libre, algunos bajo tiendas de campaña improvisadas, otros cubiertos apenas con mantas. Soe Tint, un relojero de la ciudad, describía su angustia a los reporteros: edificios de seis o siete plantas se inclinaban peligrosamente junto a su casa, amenazando con colapsar en cualquier momento. El miedo a las réplicas era tan intenso que el hospital general de la ciudad, con capacidad para mil camas, evacuó a sus pacientes al estacionamiento, donde permanecían tendidos en camillas bajo una lona delgada que apenas los protegía del calor tropical.

En algunas zonas de Mandalay comenzaba a percibirse el olor a putrefacción de los cadáveres. Un crematorio en las afueras de la ciudad ya había recibido cientos de cuerpos y esperaba muchos más. El balance oficial de la junta militar del lunes reportaba 2.056 muertos, más de 4.000 heridos y 270 desaparecidos, pero estas cifras eran claramente incompletas.

Lo que hace esta catástrofe particularmente devastadora es el contexto en el que ocurrió. Birmania lleva cuatro años sumida en una guerra civil desencadenada por el golpe militar de 2021 contra el gobierno civil de Aung San Suu Kyi, ganadora del Premio Nobel de la Paz. Según cálculos de la ONU, al menos 3,5 millones de los 50 millones de habitantes del país ya habían sido desplazados por el conflicto, muchos de ellos enfrentando el riesgo de hambruna. Ahora, miles más se encontraban sin hogar, durmiendo a la intemperie no solo por las casas destruidas sino también por el terror a posibles réplicas.

El martes, la junta militar ordenó a toda la población guardar un minuto de silencio a las 12:51 horas, la hora exacta en que el terremoto había golpeado, para honrar a los fallecidos. Las cadenas televisivas interrumpieron su programación para transmitir mensajes de condolencias. Templos y pagodas abrieron sus puertas para oraciones. La junta declaró una semana de luto nacional que se extendería hasta el 6 de abril.

Lo más sorprendente fue la respuesta internacional. El jefe de la junta, Min Aung Hlaing, hizo un llamado inusual pidiendo ayuda exterior, rompiendo con la tradición de otros líderes militares birmanos que típicamente rechazaban la asistencia internacional ante desastres de esta magnitud. China, Rusia e India enviaron equipos de rescate. Estados Unidos anunció el despliegue de expertos humanitarios. La enviada especial de la ONU para Birmania, Julie Bishop, pidió el lunes el cese de las hostilidades a todas las partes para que pudieran enfocarse en proteger y suministrar ayuda a los civiles. Sin embargo, en los últimos días surgieron reportes de que los militares continuaban bombardeando a grupos armados rivales, incluso mientras el país intentaba responder a la peor catástrofe natural en años.

No me siento seguro. Hay edificios de seis o siete plantas inclinados junto a mi casa y pueden colapsar en cualquier momento
— Soe Tint, relojero de Mandalay
La junta pidió el cese de hostilidades a todas las partes para centrarse en proteger y suministrar ayuda a los civiles
— Julie Bishop, enviada especial de la ONU para Birmania
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué es tan grave que un terremoto golpee precisamente a Birmania en este momento?

Model

Porque el país ya estaba quebrado. Cuatro años de guerra civil habían desplazado a millones de personas. Ahora el terremoto destruyó las pocas casas que les quedaban.

Inventor

¿Y la junta militar pidió ayuda? Eso parece inusual.

Model

Muy inusual. Históricamente, los líderes militares birmanos rechazan la asistencia exterior. Pero esta vez la magnitud fue tal que no tuvieron opción. China, Rusia, India, Estados Unidos, todos enviaron equipos.

Inventor

¿Qué está pasando en Mandalay específicamente?

Model

Es la segunda ciudad más grande y quedó devastada. Miles de personas durmiendo en la calle. Los hospitales evacuaron a los pacientes al estacionamiento. Hay olor a cadáveres en el aire.

Inventor

¿Continúan los bombardeos durante todo esto?

Model

Sí. Mientras el país intenta rescatar gente de los escombros, los militares siguen atacando a grupos rivales. La ONU pidió un cese de hostilidades, pero no se sabe si será respetado.

Inventor

¿Cuál es el número real de muertos?

Model

Nadie lo sabe aún. La cifra oficial es 2.719, pero los equipos de rescate todavía no han llegado a pueblos remotos que quedaron incomunicados. Probablemente será mucho mayor.

Inventor

¿Y la gente tiene miedo de algo más que del terremoto?

Model

De las réplicas. Tanta gente duerme a la intemperie no solo porque sus casas están destruidas, sino porque tienen pánico a que vuelva a temblar.

Want the full story? Read the original at ABC ↗
Contact Us FAQ