El Banco Central Europeo, bajo la voz mesurada de su economista jefe Philip Lane, traza un camino de regreso hacia la estabilidad de precios sin declarar emergencia: la inflación del 3.0% es, a su juicio, una perturbación de magnitud media que exige prudencia, no pánico. Desde Irlanda hasta los mercados financieros de Frankfurt, la señal es la misma: más ajustes vendrán, pero con la cadencia de quien conoce el terreno, no la prisa de quien teme perderse.