La inflamación crónica puede cerrar el esófago o derivar en cáncer
En Barranquilla, donde la prevalencia del reflujo gastroesofágico supera en varios puntos el promedio nacional, la medicina y los hábitos cotidianos se encuentran en una encrucijada. Durante el 22º Congreso Nacional de la Asociación de Médicos Generales, especialistas pusieron sobre la mesa cifras que revelan cómo la cultura alimentaria y la obesidad local amplifican una enfermedad que, ignorada, puede cerrar el esófago o abrir la puerta al cáncer. La llegada de un nuevo fármaco en octubre ofrece esperanza, pero los expertos advierten que ninguna pastilla reemplaza la decisión de cambiar lo que se come y cuándo se come.
- Barranquilla registra una prevalencia de reflujo gastroesofágico del 16,2%, muy por encima del 12-13% nacional, lo que convierte a la ciudad en un foco de atención médica urgente.
- El reflujo nocturno roba el sueño a miles de barranquilleros y puede derivar en complicaciones devastadoras como estenosis esofágica o cáncer si no recibe tratamiento sistemático.
- La obesidad —que afecta al 23% de la población local frente al 18% nacional— junto con el consumo de fritos, gaseosas y comidas nocturnas copiosas, alimenta directamente la enfermedad.
- El Tegoprazán, disponible desde octubre, representa un avance terapéutico clave para pacientes que no responden al omeprazol, especialmente quienes padecen reflujo nocturno de difícil control.
- Especialistas insisten en que la educación médica de primera línea y la endoscopia para mayores de 35 años con enfermedad establecida son herramientas tan decisivas como cualquier fármaco.
Barranquilla enfrenta un problema de salud que supera las cifras nacionales. En el 22º Congreso Nacional de la Asociación de Médicos Generales, el gastroenterólogo Luis Antonio Ramírez Ortega presentó datos contundentes: la prevalencia del reflujo gastroesofágico en la ciudad alcanza el 16,2%, frente al 12-13% del promedio nacional. En cualquier calle de la capital del Atlántico, señaló, hay al menos uno o dos ciudadanos padeciendo la enfermedad; cuando el reflujo es nocturno, el ácido asciende sin control en la madrugada, destruyendo el sueño y deteriorando la calidad de vida.
La raíz del problema combina factores inevitables —edad, sexo femenino, hernias— con otros que dependen de decisiones cotidianas. La obesidad afecta al 23% de los barranquilleros, superando el promedio nacional, y los hábitos locales de consumir fritos, bebidas carbonatadas y cenas abundantes están profundamente arraigados en la cultura de la ciudad. Ignorar la enfermedad tiene consecuencias graves: la inflamación crónica del esófago puede provocar estenosis —el esófago se estrecha hasta impedir comer— o evolucionar hacia cáncer.
La medicina avanza. Décadas después de los primeros bloqueadores de ácido, Colombia recibirá en octubre el Tegoprazán, un fármaco que ofrece resultados más rápidos y seguros para quienes no responden al omeprazol, sobre todo en casos de reflujo nocturno. Sin embargo, Ramírez fue enfático: la educación es tan importante como el medicamento. Los médicos de primera línea deben orientar a sus pacientes sobre cómo modificar los factores de riesgo, y para quienes ya tienen la enfermedad establecida, la endoscopia es una herramienta diagnóstica indispensable. El verdadero cambio, concluyó, depende de que cada persona decida mirar sus hábitos de frente.
Barranquilla enfrenta un problema de salud que trasciende las cifras nacionales. Durante agosto, cuando la ciudad fue anfitriona del 22º Congreso Nacional de la Asociación de Médicos Generales de Barranquilla, especialistas presentaron datos alarmantes: la prevalencia del reflujo gastroesofágico en la capital del Atlántico alcanza el 16,2 por ciento, superando significativamente el promedio nacional que oscila entre el 12 y el 13 por ciento. Luis Antonio Ramírez Ortega, especialista en Medicina Interna y Gastroenterología, fue quien llevó estas cifras actualizadas al encuentro, buscando que la comunidad médica tomara medidas preventivas oportunas.
La enfermedad no es un asunto menor. Ramírez explicó que en cualquier calle de Barranquilla hay al menos uno o dos ciudadanos padeciendo reflujo, y cuando este es nocturno, el impacto se vuelve particularmente severo: interrumpe el sueño, deteriora la calidad de vida, y obliga a las personas a despertar en las madrugadas cuando el ácido asciende sin control. Lo que muchos ven como un malestar pasajero es, en realidad, una enfermedad crónica que requiere atención sistemática.
La raíz del problema es compleja. Existen factores que no pueden modificarse: la edad avanzada, el sexo femenino, anomalías anatómicas como hernias, y ciertas comorbilidades que afectan la motilidad del esófago. Pero hay otros factores que sí dependen de las decisiones cotidianas y de las características propias de cada región. En Barranquilla, la obesidad afecta aproximadamente al 23 por ciento de la población, cifra que supera el promedio nacional de 18 por ciento. El consumo de bebidas carbonatadas, alimentos fritos y grasosos, así como la costumbre de comer abundantemente en las noches, son comportamientos que alimentan la enfermedad. Estos hábitos no son accidentales; están tejidos en la idiosincrasia local.
Las consecuencias de no actuar son graves. Ramírez fue directo al señalar que la exposición prolongada del ácido inflamando la mucosa esofágica puede derivar en estenosis, una condición donde el esófago se cierra tanto que el paciente pierde la capacidad de comer. Peor aún, la inflamación crónica puede evolucionar hacia cáncer de esófago. No se trata de complicaciones remotas; son riesgos reales que acechan a quienes viven años con reflujo sin tratamiento adecuado.
La medicina ha avanzado. Los primeros bloqueadores de ácido efectivos, los antagonistas de receptores como la ranitidina, surgieron en 1976. Desde entonces, la investigación ha continuado evolucionando, y ahora existen opciones más seguras y rápidas. El omeprazol, que durante décadas fue el estándar, ya no es suficiente para los pacientes de difícil control. A partir de octubre, Colombia contará con el Tegoprazán, un fármaco que representa un salto significativo en el manejo de la enfermedad, especialmente para aquellos que sufren reflujo nocturno y no han respondido a las terapias convencionales.
Pero la medicina sola no basta. Ramírez insistió en que la educación es fundamental. Los médicos de primera línea necesitan conocimiento actualizado para transmitir a sus pacientes no solo qué medicamentos tomar, sino cómo modificar los factores de riesgo que están bajo su control. Para los mayores de 35 años con enfermedad establecida, recomendó la endoscopia como herramienta diagnóstica. La prevención, dijo, debe comenzar con la conciencia: entender que cada gaseosa, cada comida tardía y copiosa, cada kilogramo de sobrepeso, contribuye a una enfermedad que puede robar años de calidad de vida.
Barranquilla no es un caso aislado, pero sí es un caso que demanda atención. La ciudad tiene una prevalencia que la distingue, y esa distinción es una llamada a la acción. Los médicos generales, los pacientes, las familias, todos tienen un papel en revertir esta tendencia. El Tegoprazán llegará en octubre como una herramienta nueva, pero el verdadero cambio dependerá de si la población está dispuesta a mirar sus hábitos a la cara y decidir que el reflujo no tiene que ser el precio de vivir en Barranquilla.
Citas Notables
En Colombia, la prevalencia de reflujo gastroesofágico es del 12 a 13 por ciento, pero en Barranquilla es del 16,2 por ciento específicamente— Luis Antonio Ramírez Ortega, especialista en Medicina Interna y Gastroenterología
Hay que educar no solamente sobre los medicamentos, sino también sobre los factores modificables, porque a largo plazo trae consecuencias que pueden incluir estenosis o cáncer de esófago— Luis Antonio Ramírez Ortega
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué Barranquilla específicamente tiene una prevalencia tan superior a la del resto del país?
No es solo genética. Ramírez fue claro: la obesidad aquí es del 23 por ciento, casi cinco puntos por encima del promedio nacional. Las bebidas carbonatadas, los fritos, las comidas nocturnas y abundantes son parte de la vida cotidiana. Eso no es casualidad.
Entonces, ¿el Tegoprazán es la solución?
Es una herramienta importante, pero no la solución completa. Ramírez lo dejó muy claro: el medicamento ayuda a los pacientes que no responden a omeprazol, especialmente a quienes pierden el sueño por reflujo nocturno. Pero si la persona sigue comiendo grasas a las diez de la noche, el medicamento solo mitiga el daño.
¿Cuál es el riesgo real si alguien ignora el reflujo durante años?
No es solo incomodidad. La inflamación crónica puede cerrar el esófago, impidiendo que la persona coma. O peor: puede evolucionar a cáncer. Ramírez fue directo sobre eso. No son complicaciones teóricas; son consecuencias documentadas de la negligencia.
¿Y los médicos generales están preparados para esto?
Ese es el punto que Ramírez enfatizó en el congreso. Muchos no tienen el conocimiento actualizado. Necesitan saber qué es reflujo nocturno, cuándo derivar, cuándo prescribir endoscopia. La educación médica es tan importante como el medicamento.
¿Qué debería hacer alguien que sospecha que tiene reflujo?
Primero, tomar conciencia de los factores que controla: la dieta, el peso, los horarios de comida. Segundo, si tiene más de 35 años y la enfermedad está establecida, hacerse una endoscopia. Y tercero, buscar un médico que entienda que esto no es solo un problema de ácido, sino de hábitos de vida.