En el lenguaje contemporáneo de las relaciones, las llamadas 'banderas amarillas' han emergido como una categoría intermedia entre la indiferencia y la alarma: señales que invitan a la observación sin exigir el abandono. Expertos en salud relacional advierten que, si bien el discernimiento es necesario, la cultura del análisis perpetuo —amplificada por las redes sociales— puede convertir la búsqueda de conexión en un ejercicio de vigilancia que impide el encuentro genuino con el otro. La pregunta de fondo no es si alguien es perfecto, sino si tiene la capacidad de reconocer sus errores, repara