Fujimori se consolida en Perú mientras Sánchez rechaza resultados y convoca protestas

Tenemos dudas razonables, pero eso no significa rechazar los resultados
La portavoz de Sánchez intenta equilibrar la defensa del voto con el reconocimiento de la autoridad electoral.

En uno de los cierres electorales más ajustados de la historia peruana reciente, Keiko Fujimori consolida una ventaja de 35.000 votos sobre Roberto Sánchez cuando el escrutinio de la segunda vuelta roza el 99 por ciento. Lo que debía ser una transición ordenada de poder se convierte en un campo de tensión: el candidato que prometió respetar los resultados ahora convoca marchas y denuncia irregularidades sin precisarlas, mientras más de 256.000 votos objetados mantienen abierta la incertidumbre. Perú, una vez más, se enfrenta a la pregunta de si sus instituciones electorales serán más fuertes que la polarización que las rodea.

  • Con el 50,097% frente al 49,903% de Sánchez, Fujimori sostiene una ventaja que parece resistir el avance del conteo, pero que aún no es definitiva.
  • Más de mil actas objetadas y 256.000 votos pendientes de revisión podrían demorar el resultado final hasta finales de junio, alimentando la incertidumbre.
  • Sánchez abandonó su promesa pública de respetar los resultados y su partido lanzó denuncias de falta de transparencia sin aportar irregularidades concretas.
  • Las marchas convocadas para el viernes en Lima elevan la temperatura política en un país ya fracturado entre dos visiones antagónicas del poder.
  • La portavoz de Juntos por el Perú evita la palabra fraude y matiza que las impugnaciones siguen cauces legales, intentando contener el discurso sin abandonarlo.
  • Los observadores de la Unión Europea certificaron una jornada tranquila y ordenada, mientras Fuerza Popular aguarda el 100% del conteo antes de proclamar la victoria.

Con el 99 por ciento de las actas procesadas, Keiko Fujimori acumula el 50,097 por ciento de los votos frente al 49,903 por ciento de Roberto Sánchez, una diferencia de poco más de 35.000 sufragios sobre un universo de más de 19 millones. La Oficina Nacional de Procesos Electorales confirma los datos, pero el escrutinio no ha concluido: más de mil actas objetadas, con aproximadamente 256.000 votos en su interior, requieren revisión minuciosa. Las autoridades advierten que el resultado definitivo podría no conocerse hasta finales de junio.

Lo que comenzó con pronósticos favorables para Sánchez se fue invirtiendo a medida que llegaban los votos del exterior, que se inclinaron mayoritariamente hacia Fujimori, y a medida que se incorporaban las actas impugnadas. Ante ese giro, Juntos por el Perú modificó radicalmente su postura: una semana atrás sus representantes habían prometido respetar el veredicto electoral sin condiciones; ahora denuncian falta de transparencia, cambios en las reglas del proceso e irregularidades que, sin embargo, no han sido detalladas. La convocatoria a marchas para el viernes en Lima es la expresión más visible de ese cambio de discurso.

La portavoz del partido, Anahí Durand, intentó moderar el mensaje: evitó hablar de fraude, aclaró que las impugnaciones se presentaron por los canales legales y subrayó que defender el voto no equivale a rechazar los resultados que proclamen las autoridades. Desde el campo de Fujimori, su compañero de fórmula Luis Galarreta optó por la cautela y anunció que Fuerza Popular esperará al cien por cien del conteo antes de celebrar la victoria.

El trasfondo de esta contienda es tan denso como su margen de diferencia. Fujimori es hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori, quien derivó en dictador. Sánchez representa la continuidad política de Pedro Castillo, encarcelado desde diciembre de 2022 tras un intento fallido de golpe de Estado. Dos herencias políticas profundamente antagónicas, una sociedad dividida y unas instituciones electorales puestas a prueba: ese es el escenario en que Perú aguarda su resultado final.

Con el 99 por ciento de las actas ya contabilizadas, Keiko Fujimori ha extendido su ventaja sobre Roberto Sánchez a poco más de 35 mil votos en lo que se perfila como una de las contiendas electorales más cerradas en la historia reciente peruana. Según los datos publicados por la Oficina Nacional de Procesos Electorales, la candidata derechista de 51 años acumula el 50,097 por ciento de los votos frente al 49,903 por ciento de su rival socialista, quien tiene 57 años. Con más de 19 millones de sufragios ya procesados, el margen que separa a ambos contendientes se ha mantenido dentro de un rango que permite aún cierta incertidumbre hasta que se complete el escrutinio.

Lo que comenzó como una carrera donde los pronósticos iniciales favorecían a Sánchez se transformó gradualmente a medida que avanzaba el conteo. Los votos provenientes del exterior, que representan un volumen significativo en esta elección, se inclinaron mayoritariamente hacia Fujimori. Además, la incorporación de más de mil actas que habían sido objetadas y que contenían aproximadamente 256 mil votos adicionales modificó el panorama electoral. Estos documentos requieren revisión minuciosa, lo que significa que la definición final del proceso podría extenderse durante semanas. Las autoridades electorales han indicado que el resultado definitivo podría no conocerse hasta finales de mes, alejándose de la fecha inicialmente prevista del 15 de julio.

Sánchez y su organización política, Juntos por el Perú, han modificado sustancialmente su posición respecto a los resultados. Una semana atrás, cuando el conteo aún favorecía al candidato socialista, sus representantes habían declarado públicamente que respetarían el veredicto electoral sin importar quién resultara ganador. Ahora, con la tendencia invertida, el partido ha emitido comunicados denunciando lo que describe como falta de transparencia en los organismos electorales, cambios en las reglas del proceso y una serie de irregularidades que, sin embargo, no han sido especificadas con detalle. Esta transformación en el discurso ha generado una convocatoria a marchas de protesta programadas para el próximo viernes en Lima, bajo el argumento de defender la integridad del voto.

La portavoz de Juntos por el Perú, Anahí Durand, ha intentado matizar la posición del partido, señalando que la defensa del voto no necesariamente implica un rechazo de los resultados oficiales que determinen las autoridades electorales. Durand ha sido cuidadosa en sus declaraciones, evitando utilizar la palabra fraude y enfatizando que el partido no está convocando a acciones que vayan más allá de sus derechos políticos legítimos. Ha mencionado que tienen dudas razonables sobre ciertos aspectos del proceso, particularmente respecto a la votación de peruanos en el exterior, y que han presentado impugnaciones a través de los canales legales correspondientes. Sin embargo, ha aclarado que estas acciones no significan que el partido rechace automáticamente los resultados finales que proclamen las autoridades.

Desde el lado de Fujimori, su compañero de fórmula presidencial, Luis Galarreta, ha adoptado una postura de cautela, indicando que Fuerza Popular aguardará a que se complete el cien por cien del conteo antes de proclamarse ganadores de la contienda. Esta estrategia contrasta con la agresividad de los comunicados de la oposición y refleja una intención de mantener la legitimidad del proceso hasta su conclusión formal. Los observadores de la Unión Europea, que han estado presentes durante la segunda vuelta, han reportado que la jornada electoral se desarrolló de manera tranquila y ordenada, aunque reconocen que la campaña previa estuvo marcada por una polarización significativa.

El contexto político que rodea esta elección es complejo y cargado de historia. Fujimori es la hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori, quien posteriormente se convirtió en dictador durante su mandato. Sánchez, por su parte, representa la continuidad política del expresidente Pedro Castillo, quien actualmente se encuentra encarcelado tras un intento fallido de golpe de Estado que perpetró en diciembre de 2022. Esta segunda vuelta electoral, entonces, no es simplemente una contienda entre dos candidatos, sino un enfrentamiento entre dos visiones políticas profundamente antagónicas que dividen a la sociedad peruana. Mientras se aguarda el resultado final, la tensión política en el país permanece elevada, con la posibilidad de que las protestas convocadas para este viernes intensifiquen aún más la polarización.

No estamos hablando de indicios de fraude. Hemos sido muy cuidadosos en no usar esa palabra
— Anahí Durand, vocera de Juntos por el Perú
Nosotros vamos a esperar que esto termine para ya poder hablar de elección o virtualmente electos
— Luis Galarreta, candidato a vicepresidencia de Fujimori
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué Sánchez cambió tan abruptamente su posición sobre respetar los resultados?

Model

Porque cuando hablaba de respetarlos, él iba ganando. Los votos del exterior y las actas revisadas invirtieron la tendencia. Es un cambio de narrativa que ocurre cuando la realidad no te favorece.

Inventor

¿Pero realmente hay irregularidades, o es solo una estrategia política?

Model

Durand, su vocera, ha sido cuidadosa en no usar la palabra fraude. Hablan de dudas razonables, de falta de transparencia. Pero no han presentado pruebas concretas. Es la diferencia entre tener preocupaciones legítimas y usar el proceso electoral como arma política.

Inventor

¿Qué significa que haya más de mil actas aún por revisar?

Model

Significa que esto no termina el viernes. Significa que durante semanas más, la incertidumbre seguirá. Y eso es combustible para la protesta, para mantener viva la narrativa de que algo no está bien.

Inventor

¿Cómo se explica que los votos del exterior hayan favorecido tanto a Fujimori?

Model

No está claro en los registros públicos. Pero es un hecho que cambió el curso de la elección. Y cuando algo cambia el resultado, la oposición lo cuestiona. Es casi automático.

Inventor

¿Hay riesgo real de violencia?

Model

Los observadores de la UE dijeron que la jornada fue tranquila y ordenada. Durand ha sido explícita en que no están convocando a insurgencia ni a violencia. Pero la polarización es profunda. Fujimori versus Castillo. Eso no se resuelve en una marcha.

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