En el centenario de Fidel Castro, el Ballet Nacional de Cuba regresa a la Sala Avellaneda del Teatro Nacional para rendir homenaje a quien, tras el triunfo revolucionario, devolvió a la compañía los medios que la dictadura le había arrebatado. La velada del domingo 16 de agosto no es solo un acto de memoria política, sino una meditación sobre cómo el poder puede, en ciertos momentos históricos, convertirse en condición de posibilidad para el arte. Lo que una vez fue rescate institucional se transformó, con el tiempo, en una de las tradiciones coreográficas más reconocidas del mundo.