En el cruce entre el tiempo y la biología, un pequeño ensayo de la Universidad de Rutgers sugiere que no solo importa lo que comemos, sino cuándo lo hacemos: mujeres mayores con sobrepeso que limitaron su alimentación a una ventana de 8-9 horas diarias mostraron mejoras cognitivas que sus pares no obtuvieron, a pesar de perder el mismo peso. El hallazgo, presentado en 2026 ante la Sociedad Estadounidense de Nutrición, abre una pregunta antigua con nueva urgencia: ¿puede el ritmo del comer proteger al cerebro que envejece? La ciencia aún no tiene respuesta definitiva, pero la dirección del indi