Autopista Prialé: 32 años de espera para más de un millón de limeños

Más de un millón de habitantes de Lima Este sufren diariamente pérdida de tiempo, gastos económicos aumentados en transporte y deterioro de calidad de vida por congestión vehicular crónica.
Los vecinos no pueden pagar los hechos de corrupción de esta obra
El alcalde de Ate reclama que se concluya la autopista paralizada hace treinta y dos años.

Más de un millón de personas en Ate, Chosica, Chaclacayo y Huarochirí pierden hasta 3 horas diarias en tráfico por obra inconclusa desde 1990. Municipalidad de Lima y concesionaria Rutas de Lima se culpan mutuamente por falta de avance; desacuerdos sobre expropiaciones mantienen paralizado el proyecto desde marzo 2017.

  • Más de un millón de habitantes de Lima Este pierden hasta 3 horas diarias en tráfico
  • La obra está paralizada desde marzo de 2017 por desacuerdos sobre expropiaciones
  • La autopista Ramiro Prialé tiene 20 kilómetros de extensión y requiere 943 millones de soles para completarse
  • Solo un tramo corto sin asfalto ha sido habilitado, sin conexión con la Carretera Central

La autopista Ramiro Prialé, proyecto iniciado hace tres décadas, permanece inconclusa y afecta a más de un millón de habitantes de Lima Este que gastan hasta 3 horas en desplazamientos diarios. Disputas entre municipalidad y concesionaria Rutas de Lima sobre liberación de terrenos mantienen paralizada la obra desde 2017.

Juana sale de su casa en Chaclacayo antes de las seis de la mañana. Si no lo hace, sabe que no llegará a tiempo a su trabajo en el centro de Lima. Incluso así, el viaje le toma hasta tres horas. La Carretera Central, la ruta que debería conectar el este de la ciudad con el corazón urbano, está colapsada por las obras del Metro. La autopista Ramiro Prialé, que fue pensada precisamente para situaciones como esta, permanece inconclusa. Lleva así treinta y dos años.

El proyecto nació durante el segundo gobierno de Fernando Belaúnde y comenzó bajo Alan García. Hoy afecta a más de un millón de personas que viven en Ate, Chosica, Chaclacayo y Huarochirí. Cada día, estos habitantes pierden horas en el tráfico, gastan dinero que no tienen en pasajes, respiran polvo de vías sin asfaltar. La responsabilidad ha pasado de un gobierno nacional a otro, pero también recae en la Municipalidad de Lima. Cuando Susana Villarán devolvió el proyecto a la comuna en su gestión, ni ella ni Luis Castañeda Lossio continuaron la obra. Con Jorge Muñoz solo se habilitó un tramo corto, sin asfalto, que no conecta con la Carretera Central.

César Luján es mototaxista en el asentamiento humano Las Brisas de Carapongo, en Chosica. Solo para llegar a Huachipa le toma entre treinta y cuarenta minutos. Además del tráfico, soporta la polvareda que levanta la vía sin pavimentar. "Esta obra debe pasar hasta Ñaña, pero no hay ningún avance. Se estancó hace años", dice con resignación. La obra está paralizada desde marzo de 2017. Las razones son claras pero enredadas: los terrenos por donde debe seguir el trazo no han sido liberados, y hay desacuerdos profundos entre la Municipalidad de Lima y la concesionaria Rutas de Lima que impiden avanzar en las negociaciones con los propietarios.

La municipalidad sostiene que no tiene responsabilidad en las negociaciones. Señala que la empresa no consideró puntos críticos: los requerimientos de seguridad de la Central Hidroeléctrica Huampaní, la existencia del Camino Prehispánico Wari Ñan, el hecho de que las obras pasarían muy cerca de la bocatoma de Sedapal en La Atarjea. Ha pedido a Rutas de Lima que realice las acciones necesarias para viabilizar la construcción en esas zonas. Por su parte, Rutas de Lima responde que mientras los terrenos no estén habilitados no puede solicitar financiamiento. Hasta febrero de 2017, la municipalidad había liberado más del noventa por ciento de los lotes afectados, pero la situación no ha variado sustancialmente desde entonces. En medio de este cruce de acusaciones, un millón de limeños sigue esperando.

Adolfo Romero tiene sesenta y ocho años y vive en Las Brisas de Carapongo desde hace cinco décadas. Su terreno de cultivo forma parte de los espacios que deben expropiarse para la autopista. Cuando comenzaron los trabajos, le ofrecieron pagarle. Eso fue hace años. Hasta ahora no ha recibido nada. Ha ido a la Municipalidad de Lima buscando respuestas, pero lleva más de cuatro meses sin obtener ninguna. Tanto Rutas de Lima como la municipalidad aseguran que no han participado en las negociaciones con los vecinos para liberar los espacios. Adolfo espera, sin saber qué pasará con su tierra.

El alcalde de Ate, Edde Cuellar Alegría, ha pedido que se redupliquen los esfuerzos para destrabar y concluir la autopista. "Los vecinos no pueden pagar los hechos de corrupción de esta obra", dice. Ha propuesto también una ruta alterna: la habilitación de nueve o diez kilómetros de vías de doble carril entre Santa Clara y Huaycán, que requeriría un presupuesto de dieciocho millones de soles. La Empresa Municipal Administradora de Peajes de Lima anunció en mayo que en julio se habilitaría un segundo tramo provisional, desde la avenida Las Torres hasta el centro deportivo Von Humboldt. Pero cuando La República recorrió la zona, encontró que el tramo termina en el jirón Huancayo, donde comienza un terreno sin asfaltar ocupado por viviendas precarias y terrenos de cultivo. La municipalidad espera que el Programa de Gobierno Regional de Lima Metropolitana concluya dos tramos de vías auxiliares que son prioritarios. Uno en la avenida Balaguer, de dos punto cincuenta y nueve kilómetros. Otro en la avenida Principal, de cuatro kilómetros, donde se implementará un par vial con dos carriles para vehículos pesados. Mientras tanto, la ciudad sigue esperando.

Si no sales antes de las 6 a.m., es imposible llegar a tu destino a tiempo. Ya a las 7 a.m. es un caos
— Juana, trabajadora que viaja desde Chaclacayo
Esta obra debe pasar hasta Ñaña, pero no hay ningún avance. Se estancó hace años
— César Luján, mototaxista de Chosica
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué una obra que comenzó en los ochenta sigue sin terminar?

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Porque nadie quiso hacerse cargo. Los gobiernos nacionales la dejaron, la municipalidad la recibió y la abandonó, y ahora municipalidad y concesionaria se culpan mutuamente. Mientras discuten, la gente pierde horas en el tráfico.

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¿Quién debería expropiar los terrenos?

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Esa es la pregunta que nadie quiere responder. La municipalidad dice que no es su responsabilidad. Rutas de Lima dice que no puede avanzar sin los terrenos. Los dueños, como Adolfo, simplemente esperan.

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¿Qué pasaría si la autopista se terminara?

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Descongestionar la Carretera Central. Juana llegaría a su trabajo en menos de una hora. César no tendría que respirar polvo. Un millón de personas recuperaría tiempo de sus vidas.

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¿Por qué es tan difícil?

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Hay cosas complicadas: una central hidroeléctrica, un camino prehispánico, la bocatoma de agua de la ciudad. Pero la verdadera razón es que nadie tiene incentivos para resolver esto rápido. La municipalidad no quiere gastar, la concesionaria no quiere invertir sin garantías, y los dueños de terrenos no saben si van a ser pagados.

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¿Hay alguna salida?

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El alcalde de Ate propone una ruta alterna. Pero eso es más dinero, más tiempo. Lo que se necesita es que alguien diga: "Esto se termina". Y que lo cumpla.

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