América del Sur consolida su giro a la derecha con el triunfo de De la Espriella en Colombia

El giro responde a factores pragmáticos, no a conversión ideológica
Los analistas explican que la ola de gobiernos de derecha en América del Sur refleja rechazo a la inestabilidad económica y la inseguridad, no cambios de valores.

Con la elección de Abelardo de la Espriella en Colombia, siete naciones sudamericanas han depositado su confianza en gobiernos de derecha, cerrando casi una década de predominio progresista en la región. Este movimiento no nació de una conversión ideológica colectiva, sino del agotamiento ciudadano ante la inseguridad, el estancamiento económico y la decepción con élites que prometieron transformación y entregaron inestabilidad. América del Sur atraviesa, como tantas veces en su historia, un momento de reordenamiento político cuya permanencia dependerá menos de las ideas que de los resultados concretos en la vida cotidiana de sus pueblos.

  • Colombia se convierte en el séptimo país sudamericano con gobierno de derecha tras la contundente victoria de De la Espriella con el 43,7% en primera vuelta, dejando al candidato de Petro a más de dos puntos de distancia.
  • El giro regional no responde a un fervor ideológico sino a una frustración acumulada: ciudadanos que votaron por el cambio progresista y recibieron más crimen, inflación e inestabilidad.
  • Bolivia y Chile ya muestran señales de desgaste temprano —gabinetes reformados, protestas masivas, lunas de miel presidenciales cada vez más breves— advirtiendo que el mandato popular tiene fecha de vencimiento.
  • Brasil se convierte en el campo de batalla decisivo: si la derecha gana en octubre, el mapa ideológico del continente quedará casi uniformemente reconfigurado; si Lula resiste, el péndulo podría comenzar su regreso.

El domingo pasado, Colombia eligió a Abelardo de la Espriella como presidente, completando un mapa político que pocos habrían imaginado hace una década: siete países de América del Sur —Argentina, Chile, Ecuador, Paraguay, Bolivia, Perú y ahora Colombia— gobernados por administraciones de derecha. Solo Brasil, la mayor economía del continente, mantiene un gobierno de izquierda, y sus elecciones de octubre podrían ser el momento que consolide o quiebre esta tendencia.

Pero los analistas advierten que este giro no es una conversión ideológica masiva. Según Eduardo Ruiz, de Control Risks, los votantes respondieron a factores concretos: inseguridad creciente, bajo crecimiento, aumento del costo de vida y hartazgo con élites que prometieron cambio y entregaron caos. Los candidatos de derecha ganaron ofreciendo orden, autoridad y políticas de mercado, no porque las sociedades se hayan vuelto conservadoras de convicción.

El patrón se repite con variaciones en cada país. En Ecuador, Daniel Noboa llegó con promesas de mano dura contra el narcotráfico. En Argentina, Javier Milei, un outsider sin experiencia de gobierno, venció al agotamiento colectivo. En Chile, José Antonio Kast derrotó a la candidata comunista Jeannette Jara, cerrando el ciclo abierto por el estallido social de 2019. Bolivia y Paraguay presentan casos más complejos: el primero enfrenta protestas masivas apenas iniciado su gobierno; el segundo simplemente extendió siete décadas de dominio del Partido Colorado.

En Colombia, la victoria de De la Espriella fue clara desde la primera vuelta, con el 43,7% frente al 40,9% del candidato de Gustavo Petro, sellando el resultado en el balotaje. Sin embargo, Juan Negri, de la Universidad Torcuato Di Tella, advierte que no le sorprendería que muchos de estos gobiernos pierdan sus próximas elecciones si no muestran resultados rápidos. Bolivia y Chile ya cambiaron ministros bajo presión ciudadana.

Todo apunta a Brasil como el árbitro final. Con Lula intentando evitar los errores de su gestión anterior y la oposición sin una figura consolidada —ni siquiera Flávio Bolsonaro logra aglutinar a los seguidores de su padre—, los próximos cuatro meses dirán si este giro regional es una nueva era o simplemente el movimiento de un péndulo que ya prepara su regreso.

El domingo pasado, Colombia eligió a Abelardo de la Espriella, un candidato libertario, para ocupar la presidencia. Con esa victoria, América del Sur completó un movimiento político que parecía inevitable: siete países de la región ahora están gobernados por administraciones de derecha. Argentina, Chile, Ecuador, Paraguay, Bolivia, Perú y ahora Colombia forman un bloque que ha dejado atrás casi una década de predominio progresista. Solo Brasil, la economía más grande del continente, mantiene un gobierno de izquierda, y sus elecciones de octubre podrían ser el momento definitivo que consolide o quiebre esta tendencia.

Pero lo que está sucediendo en América del Sur no es simplemente una reacción ideológica. Eduardo Ruiz, analista de Control Risks, explica que el fenómeno responde a factores mucho más concretos: deterioro de la seguridad, bajo crecimiento económico, aumento del costo de vida y una frustración profunda con las élites políticas tradicionales. Los votantes no necesariamente se convirtieron al conservadurismo; más bien, rechazaron gobiernos que prometieron cambio pero entregaron inestabilidad. Los candidatos de derecha ganaron porque ofrecían orden, autoridad y estabilidad, junto con políticas orientadas al mercado.

Este patrón comenzó en 2017 cuando el presidente ecuatoriano Lenín Moreno se distanció del proyecto de izquierda de Rafael Correa. Desde entonces, cinco países más han seguido ese camino. En Ecuador, Daniel Noboa llegó a la presidencia en 2023 prometiendo mano dura contra el narcotráfico y una gestión económica más liberal. En Argentina, en 2022, un electorado agotado por promesas incumplidas e inseguridad creciente llevó a Javier Milei, un outsider sin experiencia en gobierno, a la Casa Rosada. En Bolivia, Rodrigo Paz derrotó al Movimiento al Socialismo después de que ese partido gobernara la mejor parte de las últimas dos décadas, aunque su gestión ya enfrenta desafíos tras semanas de protestas masivas. En Chile, José Antonio Kast venció a la candidata comunista Jeannette Jara, terminando la vía de izquierda que había abierto Gabriel Boric tras el estallido social de 2019.

Paraguay es una excepción relativa: el gobierno de derecha del presidente Santiago Peña no marcó una ruptura con el oficialismo anterior, sino que extendió el reinado del Partido Colorado, que ha gobernado casi ininterrumpidamente durante setenta años. Perú, por su parte, presenta un caso más complejo. Keiko Fujimori puso fin a dos gobiernos interinos conservadores que ya habían destronado a la izquierda, pero su verdadero poder proviene de su control del Congreso a través de Fuerza Popular. En un país donde han pasado nueve presidentes en la última década, su partido ha actuado como lo que algunos llaman un "monje gris" de la presidencia, interfiriendo en la autonomía del Ejecutivo. Según Human Rights Watch, los parlamentarios peruanos han debilitado el marco jurídico y la independencia judicial, actuando principalmente en busca de beneficio propio.

La victoria de De la Espriella en Colombia fue contundente. En la primera vuelta obtuvo el 43,7 por ciento de los votos, superando a Iván Cepeda, el candidato del presidente de izquierda Gustavo Petro, quien recibió el 40,9 por ciento. En el balotaje, De la Espriella selló su acceso a la Casa de Nariño.

Pero los analistas advierten que esta ola de gobiernos de derecha no está garantizada que se mantenga. Juan Negri, director de la carrera de Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, señala que no le sorprendería que muchos de estos gobiernos pierdan elecciones subsiguientes. En Bolivia y Chile, la falta de resultados inmediatos ya ha generado desafíos: ambos enfrentaron una "luna de miel" presidencial cada vez más corta, obligando a cambios en sus gabinetes. En Chile, la ministra de Seguridad fue reemplazada.

Todo dependerá de Brasil. Como la mayor economía y la mayor democracia de América Latina, un triunfo de la derecha en octubre tendría un peso simbólico y político enorme para toda la región. Actualmente, el escenario es poco definido. El gobierno de Lula intenta evitar los fantasmas de su gestión anterior, mientras que la oposición aún no logra una clara ventaja, ni siquiera con Flávio Bolsonaro, quien intenta aglutinar a los seguidores de su padre. Los próximos cuatro meses determinarán si el giro a la derecha de América del Sur es un movimiento duradero o simplemente un péndulo que volverá a oscilar.

Existe un movimiento regional hacia la derecha, pero no parece estar impulsado por una conversión ideológica masiva de los votantes, sino por factores mucho más pragmáticos
— Eduardo Ruiz, analista de Control Risks
No me sorprendería que muchos de estos gobiernos de derecha pierdan elecciones subsiguientes. Por ahora, no han logrado consolidar una dominación estructural
— Juan Negri, director de Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué crees que los votantes eligieron a candidatos de derecha si no fue por una conversión ideológica masiva?

Model

Porque la gente estaba cansada. Inseguridad, inflación, promesas incumplidas. No es que de repente todos se volvieron conservadores; es que rechazaron lo que tenían.

Inventor

Pero eso podría haber llevado a cualquier tipo de cambio, ¿no? ¿Por qué específicamente a la derecha?

Model

Porque la derecha ofrecía algo concreto: orden, autoridad, mercado. Cuando todo se desmorona, eso suena atractivo. Y además, la izquierda ya había gobernado. Era el turno del otro lado.

Inventor

¿Entonces es solo un péndulo?

Model

Podría serlo. Los analistas dicen que muchos de estos gobiernos podrían perder las próximas elecciones si no entregan resultados. En Bolivia y Chile ya hay problemas.

Inventor

¿Qué hace que Brasil sea tan importante?

Model

Es la prueba definitiva. Si la derecha gana allá, el giro es real en toda la región. Si pierde, el péndulo empieza a moverse de nuevo.

Inventor

¿Y qué está pasando en Brasil ahora?

Model

Poco definido. Lula intenta gobernar, la oposición no tiene claridad. En octubre sabremos si todo esto fue un movimiento regional o solo una reacción temporal.

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