De la Espriella cierra campaña en Buga con devoción; Cepeda apela al voto joven en Bogotá

De la Espriella denunció desplazamiento de votantes por grupos ilegales en Cauca y Nariño, y amenazas de disidencias para coaccionar el voto en la segunda vuelta.
La manada del Tigre llevará a Colombia a ser la patria milagro
De la Espriella cierra su campaña en Buga con una promesa que resume su narrativa de transformación.

De la Espriella cerró campaña en Buga, Valle del Cauca, reforzando su narrativa de 'patria milagro' con ventaja de 700.000 votos sobre Cepeda en mediciones recientes. Cepeda enfocó sus cierres en Bogotá y Soledad, Atlántico, buscando recuperar votos perdidos en la capital y consolidar apoyo en zonas clave del petrismo.

  • De la Espriella aventajó a Cepeda por 700.000 votos en la primera vuelta del 31 de mayo
  • De la Espriella recibió 10,3 millones de votos; Cepeda, 9,7 millones en la primera vuelta
  • Cepeda perdió 400.000 votos en Bogotá respecto a lo que su campaña había proyectado
  • De la Espriella denunció desplazamiento de votantes por grupos ilegales en Cauca y Nariño
  • La segunda vuelta presidencial estaba programada para el 21 de junio de 2026

Abelardo de la Espriella y Iván Cepeda realizaron sus últimos actos de campaña el domingo previo a la segunda vuelta presidencial del 21 de junio, eligiendo regiones estratégicas para consolidar su base electoral.

El domingo anterior a la segunda vuelta presidencial del 21 de junio, los dos candidatos que disputarían la Casa de Nariño eligieron geografías que reflejaban sus cálculos electorales más crudos. Abelardo de la Espriella, el abogado que había ganado la primera vuelta con una ventaja de 700.000 votos sobre su contrincante, cerró su campaña en Buga, Valle del Cauca. Iván Cepeda, senador del Pacto Histórico, repartió sus últimos actos entre Bogotá y Soledad, Atlántico. Cada elección de territorio contaba una historia diferente sobre dónde creía cada uno que podía ganar o recuperar votos en los días que quedaban.

De la Espriella llegó a Buga después de pasar más de una hora en la Basílica del Señor de los Milagros. La devoción no era accidental. Su campaña se había construido alrededor de la narrativa de la «patria milagro», una frase que había resonado lo suficiente como para entregarle 10,3 millones de votos el 31 de mayo. Al elegir este municipio vallecaucano, reforzaba esa imagen de candidato creyente, despejando dudas que congregaciones cristianas y católicas políticamente activas pudieran tener sobre su pasado como ateo declarado. Desde una tarima cerca de la iglesia, frente a miles de seguidores que portaban banderas de Colombia y afiches con su imagen, habló de cómo el «negrito» —así llamó al Señor de los Milagros— había tocado su corazón y guiado toda la campaña. «No imagino un cierre mejor que este que hoy nos ha regalado el fervor del pueblo y el favor de Dios», dijo. Caravanas de simpatizantes llegaron desde Cali, Santa Marta, Bucaramanga, Medellín y Bogotá, extendiendo la presencia de su movimiento, Defensores de la Patria, por el país.

En su discurso, De la Espriella cuestionó a Cepeda, lo llamó heredero del presidente Gustavo Petro, y prometió un giro en el Estado que garantizara seguridad, salud y democracia. Insistió en que no había venido a hacer la política de siempre, sino a cambiarla para siempre. Aunque contaba con el respaldo del Centro Democrático, el Partido Conservador, la U y Cambio Radical, no se había parado en tarima con ninguno de sus líderes. En cambio, había recibido apoyo de figuras sin vinculación política directa: el ciclista Nairo Quintana y la actriz Amparo Grisales. Esa estrategia de los «nunca» —nunca políticos tradicionales— era deliberada, diseñada para mantener su narrativa de ruptura.

Pero De la Espriella también usó su cierre de campaña para denunciar. Afirmó que en municipios de Cauca y Nariño, grupos ilegales habían desplazado a personas que votaron por él en la primera vuelta. Señaló a disidencias de la Segunda Marquetalia, de Mordisco, al ELN y a los Comuneros del Sur de estar amenazando a comunidades para que no votaran por él el 21 de junio. Dijo que estos grupos incluso estarían obligando a votantes a fotografiar sus tarjetones para verificar que no votaban por De la Espriella. Las disidencias de Calarcá, agregó, hacían lo propio en Caquetá y Huila. Pidió respeto por la democracia mientras advertía que «la manada del Tigre» llevaría a Colombia a ser la patria milagro.

Cepeda, mientras tanto, enfrentaba un panorama diferente. Había recibido 9,7 millones de votos en la primera vuelta, pero las mediciones recientes lo mostraban significativamente atrás de De la Espriella. En Bogotá, donde su campaña había calculado obtener dos millones de votos, solo había conseguido 1,6 millones. La diferencia de 400.000 votos en la capital era un agujero que necesitaba llenar. Localidades como Suba, Engativá, Fontibón y Kennedy, donde la propuesta progresista había perdido presencia entre el electorado de clase media, fueron priorizadas en estos últimos días.

En una tarima instalada al lado de la Plaza Cultural de la Santamaría, Cepeda habló durante alrededor de veinte minutos. Su discurso fue sobrio, fiel a la premisa de austeridad que había caracterizado su campaña. Regaló camisetas de la Selección Colombia con su nombre impreso, pero poco más. Pidió a los jóvenes que votaran, defendió el gobierno de Petro y sus reformas sociales, cuestionó la propuesta de De la Espriella y lanzó críticas contra el expresidente Álvaro Uribe. Algunos miembros de su equipo quedaron confundidos por lo rápido que cerró su intervención, dejando de lado datos clave como la reducción de la pobreza a 28 por ciento según el DANE, el nivel más bajo en la historia del país.

Cepeda apostaba al voto joven, sector al que había comenzado a dirigirse con mayor intensidad después de reestructurar su estrategia y equipo digital. Dos semanas habían pasado desde la primera vuelta y no había logrado ninguna de las adhesiones que buscaba: Sergio Fajardo, Claudia López y Juan Daniel Oviedo seguían en conversaciones, pero sin comprometerse. Había renunciado a la idea de convocar una asamblea nacional constituyente, incluso eliminándola de su plan de gobierno. En Soledad, el municipio donde Petro había realizado el evento de la «P» que generó dudas en las cuentas de la campaña, Cepeda habló de una campaña hecha con la gente, con murales y videos artesanales, no con marketing político ni inteligencia artificial. El Pacto Histórico decía estar listo para la remontada, pero el calendario corría en su contra y las mediciones no acompañaban.

He decidido hacer el gran cierre de la campaña en Buga porque ahí está el 'negrito', el gran milagroso que tocó mi corazón y que nos ha guiado durante toda esta campaña
— Abelardo de la Espriella
Vamos con toda a las urnas el próximo 21 de junio. Todos los jóvenes a votar. Somos un pueblo movilizado, organizado y consciente, y por eso somos invencibles
— Iván Cepeda
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué Buga? ¿Qué tiene ese lugar que De la Espriella necesitaba en su último acto?

Model

Buga es donde está el Señor de los Milagros. Para De la Espriella, eso no es solo religión; es la narrativa completa de su campaña hecha piedra y fe. Necesitaba cerrar donde comenzó su historia de milagro.

Inventor

Pero él fue ateo. ¿No es eso un riesgo?

Model

Lo fue. Pero la devoción en Buga borra eso del registro. Las congregaciones que dudaban ahora ven a un hombre que pasó una hora en una basílica antes de hablar a miles. La imagen reescribe el pasado.

Inventor

¿Y Cepeda en Bogotá? ¿Qué estaba tratando de recuperar?

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Cuatrocientos mil votos. La capital le debía esa cifra. Su campaña esperaba dos millones y obtuvo 1,6. Eso es un fracaso que no puede permitirse en una segunda vuelta donde ya está atrás.

Inventor

Su discurso fue corto. ¿Eso fue un error?

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Probablemente. Dejó sobre la mesa datos que podrían haber movido a votantes indecisos: la pobreza cayó a 28 por ciento. Pero su equipo estaba confundido. Parecía que ni él sabía bien qué decir.

Inventor

¿Qué significa que De la Espriella denuncie desplazamiento de votantes?

Model

Significa que la violencia electoral es real en Cauca y Nariño. Grupos ilegales están cobrando votos. Eso no es retórica; son personas que no pueden votar libremente porque tienen miedo.

Inventor

¿Puede cambiar algo en una semana?

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Cepeda cree que sí. Apuesta al voto joven y busca que Fajardo o López se sumen. Pero De la Espriella tiene 700.000 votos de ventaja y el tiempo casi se acabó.

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